inseguridad

El apogeo de la falta de castigo - Por Osvaldo Benmuyal

Justicia es esencialmente darle a cada uno lo que le pertenece.
viernes, 04 de noviembre de 2011 · 19:40

Creo que las palabras suelen gastarse. O mejor dicho, perdemos el real sentido de su significado. Pensé en titular “el apogeo de la impunidad”. Pero me pareció común y blando. Las palabras impunidad e inseguridad perdieron fuerza, las usamos demasiado seguido, y al escucharlas tantas veces, no llaman la atención. Hasta es aburrido un texto o relato que las incluya. Más de lo mismo.

Días pasados, no pude ocultar la tristeza al escuchar un relato de mi oyente Patricia. Ex Villa Krause, construyó con su esposo ya fallecido una vivienda en Pocito con todo el sacrificio que implica. Ella sola y sus hijos. Pasada la medianoche, bajaron tres tipos de una moto, reventaron a patadas la puerta de entrada y con el revólver puesto en la nuca le pegaron al mayor que estaba en el comedor y a los gritos pedían la plata. ¡Dónde está tu papá!, a los gritos. “En el cementerio” dijo el joven hijo de Patricia. “Mamá, yo creí que me mataban”, partieron la puerta del dormitorio donde dormía la hija, le quisieron robar, y no tiene nada, sólo manos para trabajar.

El relato fue largo, conmovedor, valioso, lloramos todos mientras la escuchamos. Su alma desgarrada por los delincuentes, pedía a gritos que la policía los mate. Si, tal cual lo escuchamos. Ella, como tantos otros ultrajados por esta lacra, con máximo derecho, pedía a gritos la muerte de quienes entraron a robarle. ¡Use esas balas! ¡Mátelos!, le increpó Patricia a los policías una vez que llegaron hasta su casa.

La gente los quiere muertos. Ya no piden justicia. Piden que el que sale a robar, sepa que el policía le apuntará a matar. La comunidad se ha revelado y ya no es tan pasiva. El estado ha demostrado ser inexorablemente ineficiente en la tarea de prevención. Son muchos más los delitos que logran consumarse, que los que consiguen prevenirse. Si la gente está dejando de pedir justicia, es porque se gastó esa palabra también. Y lo que es peor, es casi un hecho que dejó de ser consecuente con su significado. Justicia es esencialmente darle a cada uno lo que le pertenece.

El Estado de quietud

Presumo que se llega a instancias como ésta, cuando no se quita el mal de raíz. Cuando los hechos son todos justificables, se relativizan o cambian de nombre.

Mire, para que vea que en éstas cosas no existen las medias tintas. Un ladrón es un ladrón y un delincuente. Pero la ley prohíbe llamarles así. Debemos decirles “jóvenes en conflicto con la ley”.” ¿Quién fue el cráneo que empezó a minimizar estas cosas? Delito es quebrar la ley y el que la quiebra es un delincuente y punto.

Lo que llama la atención es cómo se llega a ésta situación, el escenario que envuelve éste marco de referencia en el que ya cayó la gota que colmó el vaso.

Hay que preguntarse en qué momento la sociedad y sus autoridades, consideramos que un robo, un asalto, un arrebato o un asesinato, es un suceso simple, o lo que es peor, un hecho olvidable en cuestión de horas.

Y digno de un análisis aparte es descifrar cualitativamente a las víctimas. Quiénes lo han vivido ya. A qué personas elijen los asesinos y delincuentes para su ataque. No es una cuestión del azar. No creo en la casualidad. Los tipos son selectivos, eligen a la gente común, el alumno, el comerciante, el quinielero, el remisero, las amas de casa, el carnicero, el periodista, el obrero, la docente, la viuda, el discapacitado, la empleada del supermercado, el publicista, el almacenero, el deportista, el jubilado. Gente que elige seguir apostando al sagrado mandato que lo que se tiene, se obtiene trabajando. Que desprecia la idea de conseguir algo por otra vía que no sea el esfuerzo. Gente que se desloma para que sus hijos tengan lo mejor y que nadie les regaló nada. Aunque cueste creerlo, esa gente en éste país existe. Les doy la novedad. Hay quienes todo lo que tienen lo hicieron trabajando. Allí atacan. Toda una alegoría del bien y del mal. A esa porción social. Los más desprotegidos. Los que gastaron plata en rejas, en alarmas, en seguridad privada, en un revólver para defenderse. Los de la casa desvalijada en medio de unas vacaciones para las que ahorraron todo un año.

Son selectivos los ladrones. Eso lo aseguro. Usted analice las profesiones que faltan. Estoy denunciando un velado pacto entre los delincuentes y ciertos estratos de poder. Así funciona. Si no que alguien me explique lo contrario con hechos que igualen las estadísticas.

En Nueva York, antes de la llegada de Rudolf Giuliani a la alcaidía, se producían entre diez y veinte asesinatos por semana. Los delincuentes y las prostitutas, se habían apoderado de las calles. Un horror. Fue él quien impuso la frase Tolerancia Cero. No faltó quien lo criticara, pero al tiempo los cuestionamientos se diluyeron. Había una guerra. Una nueva forma de terrorismo. Como lo hay en nuestras tierras ahora.

El jefe de Policía Miguel González anunció días pasados las medidas a tomar por las fuerzas de seguridad. Usó la misma idea, la misma frase. Tolerancia Cero.

Ahora yo digo. Hay que categorizar al enemigo. Eso Hizo Giuliani. Partir desde la certeza que las cosas hay que llamarlas por su nombre. Que los diputados cambien leyes y que sean más estrictas, que incluyan a los menores y a sus padres. Que se cree de una vez por todas la Policía Judicial en la provincia, que desde hace 25 años está aprobada la ley. Que la justicia acuse, arreste, procese y sentencie en tiempos sumarísimos. Que los jueces penales revean su permisivo comportamiento para con las salidas transitorias de los reos del Penal de Chimbas. Porque salen, matan, roban y se burlan de la policía y de todos nosotros. Que hagan una cárcel nueva en plena soledad. Que la policía descarte sus elementos espurios, y queden sólo los confiables. Que persigan sin cansancio a los narcotraficantes y les quiten todo. Sus casas, sus autos, sus cuentas y sus negocios. Y que esa plata vaya para combatirlos. Invertir el mecanismo.

Y no olvidarse que los poderosos de cuello blanco, también pueden quebrar leyes.
Que los Derechos Humanos deben ser respetados en las víctimas primero. Sin piedad para los victimarios. Eso es Tolerancia Cero, eso es mano dura. No hay guerras limpias.
Es hora que el Estado nos cuide y devuelva la libertad. Porque quienes estamos presos ahora somos nosotros.

 


Comentarios