MOMENTO DE REFLEXIÓN

Solidario si, estúpido no

sábado, 15 de octubre de 2011 · 21:54

En la Argentina no hay datos concretos sobre la cantidad de beneficios que el gobierno entrega en concepto de ayuda social y planes. Lo que no se puede dudar es que asiste a una gran parte de la población. Creo que llegó el momento de replantearse esta situación, y cambiar la dádiva por la inclusión de los titulares de los planes a la categoría de la población productiva.
 
Está bien que desde chicos nos enseñen a ser atentos, solidarios, a preocuparnos por lo que le sucede al amigo o al menos pudiente.
Está bien que a nuestros hijos les hagamos conocer que hay gente que la pasa mal, y que ellos deben ser parte activa para acercar una ayuda.
Está bien que nosotros mismos, ya grandes, nos metamos la mano al bolsillo y saquemos plata que es nuestra, que ganamos con trabajo, y se la demos a quien la necesite.
Está bien que sepamos que esa ayuda es momentánea, que no se solucionará el hambre de una familia para siempre, por más importante que sea la dádiva.
 
Y que además, es posible que luego de ayudar, el beneficiado ni siquiera te lo agradezca, sino, muy por el contrario, vuelva al tiempo y te haga sentir en la obligación de darle plata de nuevo.
Es un círculo vicioso. 

 En este tema, es necesario ser directo y claro. Por eso el título.
Sucede que en éste país es difícil hoy ser detractor en algunas cosas. Si cuestionás temas como éste, te convertís  en un tirano sin escrúpulos, en un insensible sin corazón al que su egoísmo lo convirtió en un ciego social.
Cuidar lo que uno tiene no es ser un egoísta. Y pedir que la gente se gane el sustento trabajando tampoco te hace un tirano.
Ese esquema de entregas requiere ahora una urgente discriminación (palabra venida a menos si la hay) pero en su primera acepción significa separar.  Eso hay que hacer. Llegó la hora de separar a quiénes les hace falta realmente el plan, y a quiénes no.
 Nadie duda que hay vivos y vagos y en una peligrosa cantidad.  Una de las materias pendientes es no haber incentivado la cultura del trabajo. En estos casos, fue todo lo contrario. La gente aprende a especular sin necesidad de profesores, y pronto se da cuenta que con varios planes se puede vivir sin laburar. Esto será imposible revertir si no se actúa pronto.
 
Dar algo a cambio.

No existe razón alguna para que el estado no pida algo a cambio. Para todo lo hace. Si tengo auto, casa, negocio, para todo hay que tributar. ¿Por qué tener un plan social es gratis? No hablo de dinero, sino de dar una contraprestación que a su vez sea otro beneficio para el poseedor de un plan. Ya en el siglo XIX, Sarmiento atribuía a la educación el poder para contrarrestar todos problemas, incluso la inseguridad. Cito además a Pitágoras que varios siglos atrás decía la educación elimina la violencia, en lo cual creo firmemente. Entonces, no es de otro planeta exigir que el adulto al menos termine el secundario. El estado invierte en planes sociales, a cambio que el ciudadano concluya sus estudios.
Así podremos contar con crecimiento económico y movilidad social en base al capital humano que forme la educación formal.
 
Una casa.

Más allá de los innumerables casos de beneficios mal otorgados, el fenómeno de la casa propia es un ejemplo válido en San Juan.
Tras una situación crítica en la provincia en materia viviendas, y luego de décadas de quietud en la obra pública, era urgente trabajar en la erradicación de villas de emergencia, un síntoma social que se reflejó en la usurpación de terrenos y construcción de lugares de estancia precarios, dando lugar al hacinamiento y la promiscuidad en muchos casos.
Pero pasado un tiempo lógico. Hoy por hoy, es común escuchar el clamor de gente que hace años está inscripta en el IPV, tiene trabajo, tiene el derecho de tener su techo propio y desea dejar de alquilar. El ciudadano común se cansó de esperar que se terminen las villas de emergencia. Allí también se da esto del círculo vicioso.

Historia final.

La narración que conté en radio días pasados encierra todo.
El jefe de familia debió decidir salir al campo a cazar venados y así darle de comer a su familia. Luego de caminar varias jornadas, mata un animal, lo carga sobre su espalda y emprende presuroso el camino a casa. Allí lo espera su mujer y sus hijos hambrientos que luego de saciar su apetito, vieron cómo la madre, repartía el resto del animal entre sus parientes cercanos y vecinos también muertos de hambre. A los dos días tuvo que salir de nuevo a buscar comida pasando por los mismos sacrificios y peligros del bosque. Al llegar a casa, con las últimas fuerzas, lo esperó no solo su familia, sino todos los demás, y su esposa repartió carne para todos.
 Al otro día la mujer le ordena a su esposo que vaya por más comida. Él le pide que lo acompañe y la mujer accede. Allí se da cuenta lo que significó para el jefe de hogar  traer el alimento. Sufrió el frío de la noche, los riesgos de ser atacada por otros animales, y el tremendo cansancio de llevar el animal a cuestas. Ella, exhausta, al llegar a su casa ve que todos se lanzan sobre el animal. Usó sus últimas fuerzas para gritarles a todos el que toque un centímetro de mi venado lo mato.
Su marido la miró y le dijo: Solidarios si, estúpidos no.

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