Columnista

Generemos primaveras en la vida

Carlos Gil reflexiona esta semana sobre la estación más linda y le da una vuelta de rosca: ¿cómo traemos ese efecto positivo a nuestro día a día?
jueves, 26 de septiembre de 2019 · 11:50

Como estación, la Primavera es admirada, disfrutable e indiscutiblemente bella. Sucede al gris y oscuro invierno por lo que brillan aún más sus colores, su luz y tan grata temperatura. Y son un símbolo los brotes, los  primeros verdores, de allí su nombre prima – vera.

En nuestra vida muchas veces sin pretenderlo, nos encontramos viviendo inviernos. Períodos oscuros, tristes, ensimismados y aparentemente con difícil salida.

Y ahí es donde la naturaleza nos brinda la metáfora perfecta para acompañarnos y acudir en nuestra ayuda.

Inmensamente bella la primavera se ha preparado durante todo el invierno para darnos esta luz y este brillo. Se dedicó a su interior y volvió hacia dentro la savia de los árboles,  se esmeró en profundizar raíces en busca de agua y temperaturas no tan frías. Con ayuda de los vientos se desprendió de todo lo que podía ser un obstáculo para la belleza buscada: así cayeron ramas secas, hojas, restos de otrora bellas flores. Lo que fue y ya no es fue eliminado en su preparación. Y el sol más fuerte la encontró lista para volver la savia a las ramas y explotar en capullos y flores. El ciclo se cumplía por sincronía de todos los intervinientes.

Del mismo modo y sin importar las veces que en un año sea necesario, podemos como personas vivir todas esas instancias. Desde la pena, la tristeza, la contrariedad que nos haga sentir un dolor no buscado pero del que ya deberíamos estar advertidos: a ese estado puede sucederle una primavera.

Podremos atender a nuestro interior mucho más que cuando los buenos momentos alejan esa mirada. Podemos encontrar causales o trayectorias que no habíamos contemplado. Nuestro interior se abre a nuestra lectura y comprensión. Encontraremos espacios que nos llaman y rincones que nos reclaman. Podremos atenderlos y aprovechar al máximo el espacio de reflexión. Eso mismo impulsará nuestras raíces para que el próximo acto nos encuentre más firmes y nutriéndonos desde otros niveles.

Y también merecerán consideración los apegos, aquellos que nos fortalecen y también contemplar la posibilidad de alejarnos de  cosas y hasta de personas, que habiendo sido positivos en algún momento, hoy nos cargan de negatividad y sirven como lastre a la hora de querer volar. Sin agredir, sin violentar, pueden ser colocados de modo en que no impidan nuestro remontar. Al fin y al cabo es lo que hace la naturaleza con hojas y ramas que no permitirían ya la generación de nuevos brotes.

Y con observaciones semejantes podremos entablar toda la preparación necesaria para el arribo y el disfrute de nuestra mejor estación, nuestra primavera. Si hicimos lo que correspondía tendrá el espacio suficiente para hacernos germinar en nuevos verdores y explotar en capullos y flores de los colores deseados. Nuestro potencial podrá expresarse.

Y en nosotros no habrán sido necesarias condiciones que en las estaciones sólo suceden cada doce meses. Nuestra actitud, nuestra reflexión, nuestra voluntad podrán expresarse cuantas veces lo consideremos necesarios y enriqueciendo nuestra vida podremos generarnos tantas primaveras como queramos.

Bastará con convencernos de estar dispuestos a disfrutar nuestras potencialidades y de sentirnos siempre felices si así lo declaramos y perseguimos. Nuestra vida, como los ciclos que la naturaleza recorre, habrá aprovechado momentos no tan brillantes o exitosos para mirarnos, estimularnos, corregirnos y vivir conforme aquello que nos motiva al máximo, que estimula nuestra potencialidad hasta hacernos sentir que en nosotros están expresándose nuevos verdores que habrán de germinar en flor.  Sólo nos quedará aprestarnos a disfrutar nuestras primaveras.

 

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 26 de setiembre de 2019

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