columna

El sufrir para algo

¿No sufrir es la forma de ser feliz? El coach Carlos Gil reflexiona sobre el lado positivo que podemos rescatar de los momentos más difíciles de nuestra vida.
viernes, 19 de julio de 2019 · 08:35

Nadie podrá creer que sería bueno procurar sufrir. Todo lo que hacemos es siempre en sentido contrario. No sufrir ya parecería cercano a la felicidad que sí buscamos. Si sufro, es porque el acontecimiento vivido o que me llega, tiene algo o mucho negativo. No obstante, en esto de esforzarme en ver el otro punto de vista, también por sufrir he crecido. Por superar un sufrimiento ha mejorado mi autoestima y así puedo enumerar otros aspectos positivos que podrían hacer ver el sufrimiento como un logro.

En mi empresa, en el ejercicio de mi profesión, en la relación de pareja, con los hijos, a los eventos que me impactan los califico inmediatamente en positivos o negativos, como el modo primero y más sencillo de calificarlos. Y los negativos muchas veces me hacen sufrir. Existe una delgada línea difícil de mensurar pero que hasta un grado menor, el hecho no me impacta. Pero un grado mayor me provoca un sufrimiento, mayor cuando es inesperado y que seguramente me afecta, negativamente, mucho o poco.

Tanto es conceptuado como negativo el sufrimiento, que muchas veces lo oculto. Porque no se entendería por parte de los demás, o porque no quiero afectarlos con eso. Socialmente el sufrimiento es valorizado negativamente.

Pero también es verdad que puede haber otro punto de vista que lo vemos más fácilmente cuando el tiempo u otro factor nos ha hecho sentir que hemos superado o menguado ese sufrir. Y después del impacto o del shock somos en algún modo otra persona que la que antes fuimos: más fuertes, con más experiencia, con menos temores. Ya sufrimos y ya lo superamos.

Por ello, aunque está bien no buscar el sufrimiento, cuando lo experimentemos, sepamos ver también la lucecita al final del túnel: sentiré luego que he crecido, que por esto mismo elevo mi autoestima, que considero distinto a otras personas, por lo que yo sufrí o porque sé que sufrieron algo semejante –mi grado de empatía ha crecido-. Puedo descubrirme también una habilidad que no me conocía y que me llevó a superar o modificar el sufrimiento. Me es positivo también conocer mis límites en cuanto a mi propia resistencia. Considero mejor lo que si tengo y a lo que alguna vez no le di valor, se trate de un amigo u otra pertenencia. Y si el sufrimiento es común por catastrófico quizás, nos hará una sociedad o una comunidad unida y quizás fortalecida por reconocimiento de este sufrimiento común, lo que será en definitiva positivo.

Nadie querrá sufrir por considerar que surgen o que pueden verse también aspectos positivos, pero será bueno tener en cuenta que, aunque no buscado, tengo crecimiento posterior derivado de ese hecho. Puedo alejar un temor infundado antes que acrecentar una desazón.

Yo mismo, en lo personal, he sufrido y superado instancias personales, empresarias, profesionales devenidas del hecho de vivir. Y resalto lo positivo que también me han dejado. Y las tengo en cuenta como la frase que muchos usan como delatoras de su experiencia positiva en algo, cuando dicen: ya pasé por eso.

Saber que el sufrimiento pasa, que algo positivo nos deja, aleja la desesperanza que podríamos vivir si la negativa realidad no nos permitiera ver que hay una lucecita al final del túnel. Que el sufrimiento algo nos deja.

Y este distinto punto de vista quizás cambie la totalidad negativa de un sufrimiento por el esperanzado logro de que al final rescataré algún aspecto.

Sufrir, algo que no busco, también en algún momento puede contribuir a mi crecimiento, en definitiva, a mi felicidad. 

 

Carlos Gil Coach, en La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 19 de julio de 2019

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