COLUMNISTA

Esa etiqueta es negativa, ¡fuera!  

Todos estamos rotulados con etiquetas. Algunas nos la pusieron otros y con otras nos identificamos nosotros mismos.Identificadas las más posibles, será bueno saber cuál de éstas aportan o identifican alguna característica que quiero eliminar o que de algún modo impide mi crecimiento y desarrollo.
lunes, 04 de marzo de 2019 · 12:20

Por Carlos Gil

Todos estamos rotulados con etiquetas. Algunas nos la pusieron otros y con otras nos identificamos nosotros mismos. Algunas nos facilitan el no movernos de nuestra zona de confort. Pero en muchos casos nos impiden crecer, desarrollarnos, vivir en plenitud conforme nuestras potencialidades, sobre todo si las etiquetas están identificando una forma de ser contrarias a ese don o a esas posibilidades de ser. Qué hacer en esos casos? En primer lugar identificar, con calma cuáles son todas nuestras etiquetas. Cual un producto que estuviera expuesto para otros, las etiquetas van hablando de nosotros. Soy el flaco. Un queso para los deportes. Un negado para la música. Un fanático del folklore. Un desprejuiciado. Un mal hablado. Identificadas las más posibles, será bueno saber cuál de éstas aportan o identifican alguna característica que quiero eliminar o que de algún modo impide mi crecimiento y desarrollo.

Quisiera bailar con ritmo, armonía y soltura. Pero por algo en eso me llaman el tronco. Tronco, siempre inmóvil es mi etiqueta y me calza justo. Más vale, para no perder y sufrir una derrota, ni tan siquiera intentar un cambio.

Por supuesto que si la etiqueta se corresponde con alguna característica que me genera un verdadero gran problema o conflicto, será siempre preferible que acuda al profesional especializado en la salud. Pero a veces vale la pena haber intentado nosotros mismos algo corrector, sobre todo cuando no se ha desatado un conflicto interno de envergadura. Cada uno puede ayudarse.

Al reconocer mis etiquetas la primera definición será incorporarme el concepto de que no soy ese que la etiqueta dice. Esa marca o etiqueta, ese rótulo o Nick y mucho menos ese apodo han de definirme.

Cuándo surgió esa etiqueta? Quién me la puso? Comenzó a etiquetarme así otra persona o fui yo mismo? Qué intentaba ese otro o yo al llamarme así? Fue por burla? Fue para animarme a cambiar? Fue para sentirme tranquilo y relajarme al admitirlo y al declararlo? Quizás la situación ya haya cambiado y sigo usando la etiqueta. O quizás quiera cambiar esa condición o característica, y el usar el rótulo me lo esté impidiendo. ¿Es bueno o es malo para mí y para la percepción que los demás tienen el admitir esa etiqueta?.

Como primer paso habré de reconocer que nada de esto etiquetado es tan definitivo. Será preferible cambiar el lenguaje, decirlo y sentirlo como algo temporario: “Hasta ahora no bailé con ritmo ni preocupado por una coreografía”, será bueno decirme esto antes que repetirme “Soy un tronco”. Y esto hacerlo con la convicción de que somos lo que pensamos y que estaríamos haciéndonos un flaco favor si nos encasillamos en la etiqueta si en verdad queremos cambiar.

Las etiquetas existen y si así es como pienso, así será. Puedo desactivarla con un sentido más apropiado a lo que deseo, si esto es en armonía con el normal desarrollo y crecimiento personal. Desetiquetarme. Cambiar el rótulo será un paso apropiado para ver cumplido ese anhelo de cambio. La felicidad plena estará más cerca. Y siempre será válido acercarme a la plenitud. Objetivo final.

 

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