Columnista

¿Otro punto de vista?, indispensable

Los distintos puntos de vista completan o perfeccionan el conocimiento de la realidad de una cosa, una emoción, un resultado o hasta de un proyecto a encarar, de trabajo, de negocio o de futuro. Por Carlos Gil.
lunes, 18 de febrero de 2019 · 11:20

A veces intuyo que la intervención oportuna y generosa de otra persona, con otro punto de vista sobre una cosa, una emoción o un resultado que anhelo, me sería de mucha utilidad. Y esto se da en el plano personal o de una empresa en que puedo tratar de resolver sólo la situación, o enriquecerme con el aporte de quienes por su cercanía integran el equipo.

También es posible que frente a una disyuntiva, una dificultad o una decisión a tomar, antes de solicitar ese posible punto de vista distinto generado por otra persona, me esfuerce yo mismo en tenerlo, aunque no siempre lo busque como primera instancia. Quizás me quedo atascado con la primera visión. Hasta olvido que puede existir otro enfoque.

Demasiadas presiones: mandatos, vergüenza, timidez, orgullo, envidia, soberbia, temor al qué dirán o hasta exagerado afecto a la soledad me impedirán solicitar ese punto de vista de otro, que me pueda acompañar a desentrañar algo, a verlo distinto. Quizás en una empresa sea el anticuado precepto de que si se es el jefe o el dueño, tiene que saberlo. O en lo personal, cuando privilegio el “Tú Puedes” que resuena moivante, puede atentar en la elección o búsqueda de un tercero que aporte otro punto de vista.

Y lo más malo aún, al quedarme con la primera impresión –primera visión- es que no me ocupo en generar yo mismo ese otro punto. Eso que vi, sentí en un primer momento, parece que es lo único que define esa cosa o ese tema.

Cada uno responde distinto a este filosófico tema de cómo conocer las cosas. Si como creo que son o como otros dicen que son; o cómo sólo yo las veo; o si son como un resultado de la síntesis de distintos puntos de vista.

Desde mi ocupación de Coach, acompañar al cliente a visualizar otro punto de vista es una de las herramientas necesarias e indispensables –como el bisturí para el cirujano, o una laptop o papel y lápiz para el escritor-. Y es sólo acompañarlo con preguntas, porque puesto en la tarea de obtener otro punto de vista, con seguridad que el cliente mismo puede tenerlo y la compañía será para encontrarlo. Aun cuando hasta entonces no lo hubiéramos estado viendo.

A lo largo de la vida, muchas o alguna situación podemos querer cambiar. Y para ello quizás no sea necesario ser muy distinto o hacer difíciles cambios o equilibrios. Quizás baste con tener otro punto de vista, conversar sobre ello y como resultado a la situación la veremos distinta. O la visión que yo tenía de esa situación es ahora otra y por eso la considero distinta, solucionable o no tan problemática.

De donde puede ser muy oportuno no cerrarnos en nosotros sin comentar nuestra preocupación ni siquiera con familiar o amigo, sino que será oportuno admitir que puede haber otros enfoques, que puede que estén en mi interior y no los estoy viendo o no les estoy dando entidad para considerarlos. Al dialogar con alguien, que me sepa escuchar con atención plena y que ilumine mi interior con sólo sus preguntas, me estaré acercando a considerar ese tema más cercano a la realidad misma. Y podré abordarlo de distinto modo que si me encerraba en el primer enfoque que le había dado, cuando no acudía aún a la búsqueda, sólo o acompañado, de otras miradas.

Los distintos puntos de vista completan o perfeccionan el conocimiento de la realidad de una cosa, una emoción, un resultado o hasta de un proyecto a encarar, de trabajo, de negocio o de futuro.

Acompañarme de un profesional, de un amigo o de un familiar para enriquecer mi visión original es una fortaleza, antes que una debilidad como podría creerse.

Y es también la razón de estas Columnas semanales: que nos encontremos con otros puntos de vista sobre aspectos cotidianos o rutinarios y que al conocerlos, nos permitan desarrollarnos, crecer, acercarnos a nuestra plenitud y vivir intensamente este camino a la felicidad en que estamos empeñados.

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