columna

Hoy vive el Espíritu de Navidad

El coach Carlos Gil nos presenta una mirada particular de la esta época, con una propuesta para resignificar estas fechas.
viernes, 27 de diciembre de 2019 · 10:04

Lo que pasa es el ritual de la Nochebuena, para casi todos la comida y el brindis, para muchos la alegría del regalito, pero lo que perdura al menos por un tiempo, más o menos prolongado es el Espíritu Navideño, que se constituye como un clima propicio para aún ejercer valores reservados para esa fecha y como motivo espiritual: los abrazos son más cálidos, son de encuentro y de transmisión de alegrías; las comunicaciones buscan transmitir la alegría navideña y muchos otros gestos están cargados de bondad, de perdón, de solidaridad, de contribución a la paz.

La fecha y su espíritu van más allá del brindis. Bienvenido y a disfrutar el Espíritu Navideño.

Adquirimos como costumbres y símbolos el árbol, las canciones, los colores, las lucecitas, las velas, el viejito abrigado, las garrapiñadas, turrones y más comidas. Todo propio del hemisferio norte. Y no creamos nada apropiado o que se ajuste al significado de vivir en el hemisferio sur.

En el norte y en algunas culturas más que en otras, se celebra la Navidad desde días antes de la Nochebuena. El 21 de diciembre, cuando se produce el solsticio de invierno comienza la celebración del Espíritu Navideño. Y es coherente con las condiciones naturales. Ese es el día más corto del año, el sol si lo hubo alumbró sin fuerzas y dio paso a la noche más larga y también más fría. Rescatamos sus rituales: luces, velas, gorros, fuertes comidas, pero no adquirimos el corporizar el espíritu navideño. La Fiesta del Espíritu Navideño la celebran algunos en la noche entre el 21 y el 22, se reúnen familiares y amigos, se escriben anhelos de lo que se espera suceda hasta la próxima llegada del Espíritu Navideño. Se escriben, con copia, los anhelos sobre la Humanidad, sobre el País, sobre la Familia y por último sobre la propia vida. Una copia se quema en la vela dando vuelo a todo lo escrito y la otra se reserva hasta la próxima celebración. Esa noche, a la hora del solsticio, generalmente a la madrugada del 22, se abre el escrito reservado desde la celebración anterior y se reflexiona sobre lo que se cumplió, sobre lo que se está cumpliendo y lo que no se dio. Y todo se agradece. El espíritu navideño reinicia el ciclo y perdura durante todo un año, hasta el próximo 21 a 22 de diciembre. Ellos, en el día más oscuro, en la noche más larga (lo que equivale a nuestro 21 a 22 de junio en el hemisferio sur) contribuyeron a dar luz, expresando sus agradecimientos y sus anhelos, encendiendo velas y dando simbólica y realmente más luz a esa noche y a ese día (Aunque coincide plenamente en la fecha y mucho del significado y rituales, la celebración judía de Hanukkah tiene otros fundamentos, bíblicos en su caso).

Si bien el ritual de la celebración de la llegada del Espíritu Navideño que se cumple en algunos países del norte no se importó desde el hemisferio sur, bien valdría la pena establecer un parangón. Nuestra posición nos hace vivir en esa fecha el Solsticio de Verano: la máxima aproximación del sol a nuestro hemisferio, el día más largo, la noche más corta, la plenitud de la luz en toda su intensidad. De existir nuestro propio ritual bien debería adecuarse a esta realidad, la celebración de la naturaleza en su mayor expansión, la luz en plenitud, la generosidad de esa entrega, el agradecimiento al ciclo reiniciado, el impulso a la acción en esas condiciones.

Otras razones explicarán seguro nuestro apego al arbolito, las luces, las comidas y los regalos del anciano abrigado para soportar la nieve, en nuestro verano. Lo lamentable es no crear el hábito, el ritual que nos lleve a celebrar, exaltar y ejercer los valores propios del espíritu navideño. Tanto por la significación cristiana como por ser un hecho y un momento vivido en casi toda la humanidad, sería óptimo y a esto podemos intentarlo cada uno: aún en días posteriores y hasta todo el año que sigue al momento navideño  podríamos actuar en relación a esos valores, el amor, la paz, la solidaridad, el perdón, la reflexión.

El día en que se cumpla un ritual o una percepción especial de este Espíritu, será el apropiado impulso para reiniciar un ciclo, reiterado. Otro escalón que puede ser utilizado para crecer como personas, para vivir acercándonos más al disfrute permanente de la vida, a la felicidad como el estado que nos pertenece por naturaleza.
 

Aún en días después de la Nochebuena, convoquemos y actuemos el Espíritu Navideño. No sólo seremos más buenos o mejor intencionados, seremos más plenamente felices. De eso se trata.

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 27 de diciembre de 2019.

 

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