columna

Encontrar mi pasión derribando mitos

El coach de vida Carlos Gil vuelve a apostar por mostrar el camino para crecer pero siendo fieles a nosotros mismos y aquello que nos mueve por dentro: las pasiones.
jueves, 7 de noviembre de 2019 · 19:03

Es de todos la posibilidad de vivir disfrutando y desarrollando nuestras pasiones aun cuando conlleve el reconocer que circulan como verdades muchas ideas que se interponen en ese objetivo. Esos condicionamientos son fabulados, no son verdaderos y por eso pueden agruparse como mitos que dificultan encontrar cuáles son nuestras pasiones y el derecho irrenunciable de convencernos que todos podemos tener y disfrutar pasiones.

La felicidad ya está dentro nuestro y disfrutarla es encontrar el modo más reconocido de trabajar por lo que hace que esta vida nuestra valga la pena de vivirla a pleno. Las pasiones son ingredientes inseparables de esa idea.  Si no las estamos disfrutando solo nos resta recorrer el camino apropiado y lograr también ese objetivo. Reconocer mitos y tratarlos como tales, sin adjudicarles condición de leyes verdaderas, debería allanarnos el camino a reconocer nuestras pasiones, incentivándolas.

El primer mito a derribar es el que ubica a las pasiones en el orden de las cosas que no pueden ser buscadas, que no es necesario o que no podría trabajarse en ellas y que corresponden casi a un don que poseen unas personas y otras no. Falso. No se corresponden con un don, podemos encontrarlas o transcurrir nuestra vida sin disfrutarlas, pero la capacidad todos la tenemos. Dispongámonos, busquemos y encontremos nuestras posibles pasiones y trabajemos para alimentarlas.

Otro mito es considerar que para que sea pasión debe ser una sola, única. Falso. Creer eso nos impide vivenciar distintos aspectos nuestros con verdadera pasión. Quizás un concertista sea un apasionado de la música y su instrumento. Si considero verdadero este mito le estaría impidiendo, por ejemplo, que a la vez sea un apasionado por la comida gourmet o criolla y que pueda trabajar esa pasión, darse el gusto, homenajear a sus relaciones, etc. Muy distinto a aceptar, desarrollar y vivir varias pasiones aunque no se vean a simple vista como complementarias. Seguro que analizando otro plano, en el que se encuentre la felicidad, seguramente será ésta mucho más plena y tendrá ocasión que se alimenten y relacionen mutuamente todas sus pasiones. Feliz con el logro y reconocimiento en la comida será ciertamente mucho mejor músico. O el satisfacerse con un logro musical lo predispondrá todo para desarrollar aún mejor su otra pasión. La felicidad invade todo hasta ser plena y es gozada así. 

Si es pasión, de seguro es la misma durante toda la vida. Otro mito falso.  Esto sería tomar la pasión como un corset que me modela y que en definitiva puede ser una lujosa prisión. Pero sobre todo, sería no admitir los cambios a los que la misma pasión me somete. Vivir feliz me hará visualizar otros horizontes, descubrir y perseguir otros faros y objetivos y por tanto una nueva pasión ser descubierta y hasta mutar la que antes consideraba importante o hasta única. El estar vivo, el vivir, me mimetiza con la posibilidad de cambio hasta ser un ingrediente permanente. No hay tiempos de duración estipulados y mucho menos ataduras por haber estimulado una pasión. Creer que debe ser la misma toda la vida es otro mito falso sobre este tema.

También a veces se cree que una persona no muy expresiva, más bien introvertida, que no manifiesta en exclamaciones sus aciertos o alegrías no puede ser apasionada. Otro mito falso. Si bien el cuerpo acompaña la vivencia de las pasiones, no siempre es condición el expresar con grandes exclamaciones un gozo. Puede no existir la exclamación, el grito, la manifestación de superlativo y sin embargo haber disfrutado la pasión como tal. Todos estos mitos, estas fabulaciones, a veces han impedido el que se trate de localizar la pasión que nos entusiasmaría mucho más que las cosas que son simplemente lindas o que simplemente parece que me gustan.

Por último en este enunciado no taxativo, corresponde el que quizás nos toca a todos: nos imponemos que nuestro trabajo, aquel por el que nos remuneran, es como muy difícil que sea a la vez una pasión. Falso. Por supuesto, podemos y debemos enamorarnos de lo que hacemos y seguro estaremos contribuyendo a nuestra felicidad. Por la ocurrencia en la vida de todos y lo vertebral de esta ocupación, no siempre pasión, dedicaremos en especial un Capítulo de esta serie, pero lo incluyo aquí como un Mito, y como tal falso. El trabajo puede y debería ser nuestra pasión y con eso avanzaríamos seguros en el camino de disfrutar la felicidad.

Reconocer los mitos es útil si los consideramos como tal: una visión fabulada, no ajustada a la realidad pero que al estar presente nos condiciona. Sólo estamos liberando el camino para encontrar las pasiones que puedan contribuir a que nuestra vida sea plena, digna de ser vivida así, en plenitud y con toda la felicidad.

 

CARLOS GIL COACH,  La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 7 de noviembre de 2019

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