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Chispazos: de dónde sacar energías para nuestro día a día

El coach de vida Carlos Gil nos cuenta cómo obtener y gestionar el combustible de cada día, esa chispa para arrancar el día. Leé su columna de esta semana.
jueves, 17 de octubre de 2019 · 10:32

Las fuentes para enriquecer la generación de energías son inagotables. Enunciaremos hoy – y continuaremos en otras entregas más- varias de ellas y la lista no se habrá agotado. Cada uno puede tener su fuente, la suya y no necesariamente estará incluida aquí. Nada será mejor que observarse, conocerse y repetir todo aquellos que resulte al final óptimo para generar las energías en el voltaje que busco y quiero tener. Al reconocer que somos los responsables nosotros mismos y que no es posible echar la culpa a factores externos, sino a cómo tomo yo esos factores habré dado un paso favorable.

También deberemos tener en cuenta que estos chispazos aquí están enunciados como otros puntos de vista, aquellos que me han permitido en lo personal generar toda la energía que disfruto y por la que se me reconoce, la que se adecua a mis intenciones. Aun cuando tampoco agotaré la lista de los chispazos que suelo tener en cuenta, sino que seguiré enunciando aquellos que me generan ese OTRO PUNTO DE VISTA.

Y resulta oportuno recordar que son experiencias de mi propia vida que espero enriquezcan a quien lee, pero en modo alguno pueden reemplazar la aconsejable consulta profesional. Se trate del tema que se trate, si moviliza un cambio o incorporación de un hábito o una acción aunque aislada, seguro será considerada como corresponda con la intervención de un profesional, de la salud y otras profesiones, que no deberían dejar de ser consultados, escuchados y seguidos en sus consejos

Hoy, y nuevamente sin ordenar por jerarquías, comentaré sobre la inmensa chispa que me significa APAGAR EL CEREBRO por el tiempo que sea. Como órgano exigido, permanentemente lo escucho, aun en sueños, acciono y reacciono a sus impulsos. Está siempre funcionando. E intento atenderlo, seguirlo, aplicar la lógica, creer que razono, y actúo. Culturas milenarias distintas a la nuestra han atesorado por siempre la importancia de acallarlo, de por momentos apagarlo. Y estoy mencionando lo conocido como meditación, asistida a veces por expertos como por aquellas prácticas que a veces mantenemos sólo por la tranquilidad y paz que me generan y que ayudan provocándome resultados innovadores. Cada uno de nosotros puede reaccionar así luego de haber sólo observado los pensamientos sin intervenir emocionalmente en su orientación. Nos pasó al escuchar una música para nosotros especial, al manejar el auto por una ruta sin distractores, durante la tibia ducha matutina, al transitar un sendero de montaña o al observar mucho rato un bucólico paisaje. Son todas ocasiones en que apagué mi pretendida conducción del cerebro y se silenció éste en cuanto a impulsos o instrucciones inmediatas. Viví luego estimulado y es casi seguro que generé nuevas o distintas energías.

Otro depresor o estimulante lógico, máxime en economías críticas han de ser los efectos que me producen la escasez o dificultades con el DINERO. Puede uno imaginarse energizado si lo poseyéramos en abundancia, sin límites. Es momento que considere aquí las consecuencias multiplicadas si su falta me quita energías. Si comparo solo con lo distinto que sería tenerlo en abundancia probablemente me será difícil energizarme. Distinto será si tengo en cuenta el valor que otorgué al obtener lo que poseo, a la energía e inventiva  que necesito y tengo para multiplicar los efectos de lo que poseo. Nuevamente es el significado que personalmente le presto, la consideración acentuada en posibilidades más que en las restricciones las que al menos impedirán que signifique esta situación una absorción de energías tan necesarias sobre todo para revertir o atemperar esa escasez.

Como otro chispazo que enciende el generador de energías con un efecto fácil de aprehender es el empleo que hago de determinadas PALABRAS. Todos conocemos en nosotros mismos el efecto que producen palabras escuchadas que categorizamos como negativas o positivas. Dichas por otros no negamos el efecto que acusamos al escucharlas. Y no siempre nos damos cuenta que cuando son dichas por nosotros, cuando forman parte de nuestro léxico habitual  nos van estimulando en el sentido de las palabras más espontáneamente usadas, sean negativas o positivas. Resulta vivificante ejercicio el considerar la carga que genera el uso de mis términos más usados. Puedo llegar a la conclusión de que son positivos o lamentablemente negativos. Sean originados por la causa que sean. También es de utilidad –además de la insoslayable consulta profesional si fuera necesaria- que algún amigo de confianza, familiar o pareja nos analice, aun a nuestro pedido, y que después de un momento o un día nos ayude a catalogar nuestro vocabulario.  Si como resultado me señalan que son positivas mis PALABRAS, será bueno saberlo para mantenerlo, cuidarlo y no cambiarlo. Y si fueron más las palabras negativas, palabras con cargas difíciles de sostener, será importante tratar de entender el por qué  lo hago y variarlo será indudable aporte a la hora de usar todos los chispazos necesarios para generar más energía positiva.

 Una nueva chispa será también adquirir y usar el mecanismo para RELATIVIZAR antes que dramatizar toda situación no deseada o negativa que me toque vivir. Quizás sea favorable el considerar que en realidad estamos siempre encaminando o resolviendo situaciones vitales, que nos parecen a veces unas más intensas que otras. Un punto de vista quizás distinto sobre esto es considerar que todo tiene en sí mismo lo negativo y lo positivo. Y aunque parezca no siempre atendible, la sabiduría popular lo acuñó como “No hay mal que por bien no venga” y termina esto siendo así si consideramos la posibilidad de RELATIVIZAR las cosas que pueden afectarnos, y hacerlo antes de que la carga negativa nos insuma la energía o nos apague el chispazo que podría generar la necesaria y apreciable energía.

Lo destacable es que no deberíamos acusar al desgano o falta de energía la no elaboración de un proyecto, la no activación de acciones necesarias para un logro o el resultado nulo de algo porque no tuvimos energía suficiente para hacer lo que correspondía. Si no existiera una causa atendible por profesional –sobre lo que sólo un profesional puede dar palabra definitiva- está en nuestras decisiones hacer los esfuerzos que correspondan  para tener eso que a veces nos resulta como ingrediente insustituible para definir nuestra actitud y para acompañarnos en los caminos en que, al sólo transitarlos con energía positiva, nos resultan compatibles con el disfrute de la felicidad. Esa felicidad que poseo y que sólo al disponerme a su disfrute va siendo a su vez causa y efecto de la energía que mantengo en mi actitud. Disfrutar la felicidad es más que posible.

 

CARLOS GIL COACH, La Granja, Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, 17 de Octubre de 2019

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