El regreso de la momia - Por Michel Zeghaib

La momia del cerro El Toro, encontrada en febrero de 1964, no fue la única. Cinco años después, el descubrimiento de las momias de Los Morrillos (enero de 1969), tuvo igual repercusión en San Juan y en el país –incluso fuera de él– que la del aborigen inca. Por Michel Zeghaib
sábado, 19 de enero de 2013 · 08:14



Fue un hallazgo trascendente no sólo por la cantidad que se encontró, sino también porque fueron habitantes ancestrales del suelo sanjuanino. Los Morrillos (6000-2000 a.C.) se encuentra entre la cultura La Fortuna (8500-6000 a.C.), pero anteriores a los Huarpe  y a la cultura Ansilta (2000 a.C.-500 d.C.). Durante el mes enero de 1969 se publicaba en los medios de comunicación sanjuaninos un hallazgo arqueológico fundamental. El yacimiento contenía una cantidad importante de momias. Fue el mayor hallazgo arqueológico que se conocía hasta ese entoncesen el país. Los profesores Pablo Saccero –de la Universidad Provincial Sarmiento– y  y Mariano Gambier –del Instituto de Arqueología de San Juan–, fueron los que llevaron adelante los grupos de trabajo y lideraron cada una de las actividades realizadas.

Las crónicas de la época daban cuenta de que el número de momias encontradas superaba las diez lo que hizo pensar, desde un principio, que se trataba del enterramiento de un grupo familiar, o un grupo social. Sólo que quedaba por determinar de qué tipo se trataba. En las diversas conferencias de prensa que los profesores Saccero y Gambier tuvieron que dar, se detuvieron a explicar los detalles mínimos de cada momia encontrada, como también las técnicas que utilizaron para realizar los estudios sobre los orígenes, tiempo de entierro, prendas, utensilios encontrados, etc., pormenores que fueron permitiendo que la opinión pública tomara conciencia de la importancia del acontecimiento.

Todo comenzó dos años antes en las cuevas de Los Morrillos, lugar donde se encuentra el yacimiento. La primera expedición se realizó en el año 1967, la segunda al año siguiente, la tercera fue la del presente relato. Con lo cual, ya se había trazado un camino de investigación que fue facilitando el descubrimiento. En los años recorridos, las momias ofrecieron una cantidad muy importante de detalles: técnicas de tejido usadas en la época deducidas de las prendas que usaban, capacetes puestos en la cabeza, utensilios colocado alrededor de los cadáveres, edades de las momias (habían algunos niños), también tipo de telas con las que se vestían, etc.

Instalado en el departamento de Calingasta, el yacimiento de Los Morrilos colocaba nuevamente en el tapete de la discusión el tema de los orígenes del pueblo sanjuanino. En aquel momento se desempolvó una vieja discusión: ¿Huarpes o Diaguitas? Pero, pronto, concluyeron que esta discusión ya había pasado de moda.
 
(*) Fuentes:

AAVV. “Nueva historia de San Juan”. Instituto de Historia Regional y Argentina “Héctor D. Arias”. EFU. 1997.
Diario Tribuna, San Juan, enero de 1969.
GAMBIER, Mariano. “La Cultura de los Morrillos”. San Juan. IIAM. 1985.
GAMBIER, Mariano. “Prehistoria de San Juan”. EFU. San Juan. 1993.

 

ANTES DE LA COLONIZACIÓN ESPAÑOLA
Antes de la llegada de los españoles, el territorio sanjuanino estuvo habitado por diversos grupos indígenas, los cuales conformaron distintas etapas en su configuración. Entre algunas de ellas estuvieron los Huarpes (al sur), los Olongastas (al noroeste), los Capayanes (en los valles de Vinchina, Guandacol y Jáchal).
La entrada del hombre en América, procedente del Asia por el estrecho de Behring, se produjo entre los años 30.000 a 10.000 a.C. Estos grupos se extendieron por todo el continente americano en busca de alimento (caza, pesca, y recolección) y llegaron hasta la Patagonia alrededor del año 8700 a.C. Esta etapa de cazadores recolectores está representada en nuestra provincia por las culturas Fortuna y Morrillos, ubicados dentro del período paleolítico.
Los Morrillos se instalaron en suelo sanjuanino alrededor del año 6000 a.C. hasta el año 2000 a.C. en la Cordillera de Ansilta, al suroeste de lo que hoy es Calingasta. La zona es la de Los Morrillos y por esa razón esta cultura prehistórica fue bautizada Cultura Los Morrillos por los arqueólogos. Cazaban guanacos y esta actividad motivaba que el grupo cambiara estacionalmente el lugar de campamento, ya que se trasladaban detrás de las manadas de animales. Se alimentaban de frutos de algarrobo y chañar, semillas, raíces de cactus y huevos de ñandú. Su vestimenta y sus adornos tenían que ver con la caza y la recolección: hacían sus vestidos con pieles unidas con fibras vegetales o animales y fabricaban collares de huesos, dientes o semillas. Confeccionaron también redes y cestos de fibra vegetal para transportar sus pertenencias.


VELATORIOS Y ENTERRAMIENTOS
Nadie vive solo, ni muere solo. Esta certeza se confirmó con el hallazgo de las momias  de Los Morrilos. Los velatorios y enterramiento son ritos. Estos son muy caros a los pueblos de zonas andinas entre los que se encuentra San Juan. Los ritos se presentan como sistemas naturales y como acciones repetidas de un modo regular y predecible, creando un orden en el modo en el que corre el tiempo regular.
Los ritos pueden ser seculares (como por ejemplo, el inicio de juegos olímpicos, o campeonatos mundiales), pero también pueden ser extensivos a una creencia religiosa. Existen ritos de pasaje o tránsito que señalan el modo en que los individuos deben atravesar momentos significativos de sus vidas, y otros que brindan protección frente a las amenazas del mundo. Hay ritos iniciáticos, sacralizadores, socializantes (marcan la unión del individuo a un grupo), otros que tratan de efectivizar un cambio o expresar algún significado. En definitiva, el ritual es el lenguaje seguro a través del cual las esperanzas y los temores humanos se articulan y permiten estructurar la posibilidad de un cambio o renovación de la vida en este mundo.
 

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