TINTA ROSA

¡Oh! Pagggrrris, pagggrrris… - Por Gema Gamboa

viernes, 22 de junio de 2012 · 21:57
Ciudad romántica, si las hay, sin dudas es Paris…

Buscando en el baúl de los recuerdos (todos tenemos uno) encontré un álbum de fotos de un viaje a Paris y, como no podía ser de otra forma, inmediatamente se me vino a la memoria el recuerdo de aquella extraordinaria experiencia:

España, cuidad de Alicante, pleno agosto (un calor de cagarse) 22.30hs y mi ex marido llegando a casa y sorprendiéndome una vez más: “Mi amor tengo un regalo para vos”, dijo, demás está que les diga que yo, más que alegrarme, empecé a preocuparme. No pude evitar pensar “Dios mío y ahora con qué me va a salir este, me niego rotundamente a compartir mis vacaciones con tu madre y el perro de tu madre”. Sin embargo, me dijo, sin que yo pudiera hacer ningún tipo de comentario al respecto: “Esto es para vos, bueno para nosotros”, me sorprendí al ver que me extendía un sobre. Realmente, lo último que imagine fue que adentro hubiera dos pasajes hacia Paris, me quede paralizada unos segundos, de repente empecé a gritar ¡Paris! ¡Paris! ¡Paris! ¡Gracias, gracias, mi amor gracias, es el sueño de mi vida! Sueño que se fue al carajo cuando me dijo por lo bajito: “…bueee no te entusiasmes tanto que solo vamos por dos días porque voy a comprar un coche y no sé si nos dé tiempo para mucho mas eh?

Nooo ¿pensaron que era por puro romántico? ¡Pues nooo! El muy cagón no quería ir solo y tener que mamarse en coche el viaje de vuelta así es que, qué mejor que invitarme ¡a mí, a mí, a mí! Yo soñaba con recorrer Paris envuelta en esa magia de romanticismo y amor puro que todo el mundo decía que tenía semejante ciudad. Así y todo, aunque sólo conociera un polígono industrial a las afueras de Paris, que era en donde estaba el bendito coche que iba a comprar, acepte.

El tema fue que al día siguiente, a las 7:00hs, ya estábamos en Barajas, 7:45hs ya listos para despegar, en menos de dos horas yo ya pisaba suelo parisino. No lo podía creer, lo más cerca que había estado yo de Paris fue en mi compu con mi amigo Google que me mostraba fotos de, claro está, la majestuosa TOUR EIFFEL, ahh…

Como era de esperar, ni Torre Eiffel ni nada  de eso, lo primero era buscar el coche, que para mi asombro era un Mini Cooper de color amarillo huevo. Me comí toda una mañana y media tarde en un galpón donde teníamos que hacer mil tramites, esos de patente, cambio de titularidad, y bla, bla, bla, finalmente terminamos de hacer todo eso y este energúmeno me dijo: “Bueno, terminamos mucho más rápido de lo que pensaba, no va a ser necesario quedarnos así que ¿qué te parece si nos volvemos?. Y yo: ¿Qué, qué, qué? ¿Vos me estás cargando? Hace más de 6 horas que estoy mirando la puntita de la Torre Eiffel ¿y pensás que estando a menos de 10 km yo no voy a ir a verla? ¡Ni lo sueñes!

Acto seguido, tomé el mapa de la ciudad y le dije: “Pegá el volantazo y girá a tu izquierda (no sé si fue por mi cara de monstruo mutante o qué, pero sin comentarios hizo caso omiso a lo que le dije).

Imponente, ahí estaba… yo emocionada (y cagada de calor, pero no me importaba nada, él (sudando como testigo falso). Nos encontramos con dos opciones: una subir caminando 330 metros (descartada inmediatamente) y dos, ascensor (bingo), llegamos como pudimos esquivando a mil marroquíes que a toda costa intentaban venderte el llaverito de la torre de todos los colores y de plástico. En la cola para poder subir hacían 34 grados de calor, divinooo, favorecía a la fragancia del Sena, sí, muy lindo el río, pero con un olor a mierda que no se imaginan. Entre tanta cosa, nada empañaría ese momento, subimos al ascensor, capacidad máxima 20 personas, bueno éramos como 35 personas ahí dentro, quedé con la ñata contra el vidrio, tal cual, y pegadas a mí, dos mujeres hindúes con el mismo olor del Sena. Ya empezábamos mal y siguió peor cuando me di cuenta que el famoso ascensor era todo de vidrio, porque yo tengo vértigo. ¡Buenísimo, vamos Paris todavía! Llegamos arriba de todo y yo, empeñada en poner mi mejor cara de disfrute para la foto, junté valor y me asomé, medio segundo, foto y listo.

A todo esto mi ex, mudito, sin hacer comentarios jajaja. Bajamos y le dije: “Bueno vamos al museo del Louvre ¡ya!”. Casi corriendo, como cuando te cierra el banco, llegamos, entramos y dije: ¡La Gioconda! ¿Eh? Menuda mierda de cuadrito, yo esperaba encontrarme con “él cuadro” y me encuentro con uno que media  77cm por 53 cm y como a 4 metros de distancia. Para colmo, cuando la miras, la mina se te caga de risa… ¡pero vi La Gioconda, sí señor!
A esta altura mi ex ya no estaba aguantando mucho y la cosa se empezaba a revertir, él era el monstruo y yo ya no me animaba a proponer mucho más. Ya era tarde y buscamos un hotel para pasar la noche.

Al día siguiente terminamos de recorrer la ciudad, realmente preciosa, y como tener un recuerdo no tuve mejor idea que entrar a una panadería parisina (suena muy internacional jajaja! parisina…) y compre una Baguette de 1,50 metros. Me pareció simpática y divertida, menos mal que me saqué una foto porque no tuve en cuenta que volvíamos en un Mini Cooper y que la paciencia de mi ex ya era nula porque en cuanto me vio con semejante cosa en la mano me dijo: ¡AH, bueee! ¿no se te ocurrirá pensar que yo voy a viajar a España con eso cruzado en medio del coche, no? Y siguió con algo así: “Tenes pocas opciones: ¡te la comes, la partís o te la metes en el c… y te vas caminando! ¿ta claro?”, Ta clarísimo dije yo y, como imaginaran, de la baguette sólo me quedó la foto.     

Comentarios

Otras Noticias