RINCONCITOS SANJUANINOS – Por Gustavo Martínez quiroga

Un tesoro a la vista de todos

El pabellón central del Hospital Dr. Guillermo Rawson resistió al terremoto del ´44 gracias a su construcción antisísmica. Los materiales traídos de Europa embellecen el edificio que es un emblema sanjuanino y del país.
viernes, 1 de junio de 2012 · 21:38
Muchos miran este antiguo edificio sobre avenida Rawson, casi con indiferencia. Son pocos los que reparan en los detalles de esta construcción, casi centenaria, que estuvo en serio peligro de desaparecer por falta de mantenimiento, o víctima de la mentalidad de topadora con la que se derribaron muchos hermosas construcciones que estaban en condiciones de ser recuperados después del terremoto de 1944.
El pabellón histórico del Hospital Dr. Guillermo Rawson es uno de los pocos testimonios arquitectónicos públicos que soportaron aquel gran sismo gracias a la aplicación de las primeras normas antisísmicas esbozadas luego del terremoto de 1894 y a la calidad de los materiales empleados en su construcción, traídos especialmente desde Europa. Junto a él, cruzaron esa barrera histórica, la Escuela Normal Sarmiento, el Colegio Nacional y las estaciones del ferrocarril Belgrano, actual museo de Ciencias Naturales, y del ferrocarril San Martín, que funciona como un centro cultural de la ciudad.
La historia de este hospital comienza en realidad durante la gobernación de Domingo Faustino Sarmiento. Se llamó por entonces Hospital de Beneficencia. Después se lo bautizó con el nombre del gran médico y político Guillermo Rawson.  Posteriormente fue trasladado a su actual ubicación, ocupando un terreno que se habría comprado a la familia de don Gabriel Laspiur.
 Fue en 1913 cuando el gobernador Victorio Ortega colocó la piedra fundamental del pabellón central. En 1924 el gobernador Federico Cantoni consiguió que  la legislatura aprobara una partida de 1 millón de pesos para construir parte de lo que existe hasta hoy, porque el proyecto original nunca fue terminado y sufrió a lo largo de su historia una serie de construcciones anexas, con distintos materiales y estilos según las tendencias de cada época. Esas ampliaciones terminaron por ahogar el edificio. Perdió unidad, orden, simetría y la relación del edificio con el entorno.
Cantoni remodeló ese único pabellón donde se instalaron nuevos consultorios, como los de odontología, ginecología, oftalmología y "granulosos". En el acto de inauguración de los nuevos pabellones, el caudillo expresó: “Sostuve en el llano la necesidad de dotar al pueblo de un nosocomio que no fuera la antesala de la muerte, sino la casa de la esperanza y el consuelo. Lo he cumplido. Hoy inauguro tres secciones más de este hospital que debe ser, y lo será, algo así como la estación central de ese mecanismo admirable y complicado que se llama administración sanitaria y asistencia pública”.
Si bien formalmente el diseño responde a líneas francesas, el plano sobre el que se construye es de fuente alemana. Concretamente el nombre de la empresa constructora puede verse aún en una placa de la fachada: “F.H. Schmidt ". Los hospitales alemanes, de pabellones separados y sin galerías de vinculación, se destacaron por la calidad de sus instalaciones y por el objetivo de dotarlos de una vida útil para muchísimos años. Lamentablemente, y pese a un pedido formal para mantener la totalidad de éste patrimonio, la falta de espacio hizo que sólo quedara en pié el pabellón central. Aún así, el imponente edificio sobre Av. Rawson es un orgullo arquitectónico no sólo de San Juan sino de todo el país.
"Sin lugar a dudas, el estilo es ecléctico", dice la especialista en patrimonio, María Rosa Plana. "El Edificio de este hospital fue uno de los primeros de hormigón que tuvo la ciudad. Se supone que los ladrillos utilizados en su construcción son de producción local, pero el resto de los materiales fueron traídos de Europa.
Los ornamentos, molduras, balaustradas, cornisas y detalles están trabajados con hierro y mortero. Las puertas y ventanas son de madera de cedro y los marcos, de madera de pinotea.  Puertas y ventanas tienen paños de vidrio en su parte superior. Los escalones de la entrada son de mármol blanco de carracón, traído de Italia. Las barandas de hierro macizo remachado fueron trabajadas artesanalmente con chapa estampada con remate de madera dura torneada".
Las losas de los techos son de hormigón armado. En el último piso, el techo está recubierto con pizarras negras traídas de Alemania, clavadas a una estructura de madera y protegidos en las uniones con chapa galvanizada. Los pisos son tipo calcáreo en una combinación de negro y blanco en todo lo que es la circulación central del pabellón. Las oficinas y habitaciones tienen piso de pinotea clavadas a tirantes y en la planta baja, los muros están revestidos  de azulejos vítrios hasta una altura de dos metros.
Es nuestro. Tiene una enorme historia que contar, desde sus hacinados pasillos con cientos de heridos en el terremoto de 1944 hasta la reciente construcción del nuevo edificio, que se yergue flamante detrás del pabellón histórico. Basta detenerse un minuto en el boulevard y alzar la vista, para entender la importancia de su presencia, para asombrarse con sus detalles y para atesorar con orgullo éste gran rinconcito sanjuanino.

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