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Estados de ánimo - Por Rachid Yarhad

sábado, 07 de abril de 2012 · 01:30
Las emociones y los estados de ánimo no son lo mismo. Las emociones van y vienen, mientras que los estados de ánimo son una emoción que se estaciona en nosotros y forma parte de nuestra conversación interna. Los estados de ánimo funcionan como un telón de fondo para aquello que nos decimos y modifican todo lo que hacemos y dejamos de hacer.

Un ejemplo. El miedo puede ser una emoción y también un estado de ánimo. Una persona puede sentir la emoción del miedo por una situación en particular. Digamos si una persona tiene que guardar su auto en una zona en que hay muchos robos domiciliarios, seguramente cada vez que tenga que abrir y cerrar su garaje estará con miedo hasta que termine esa operación.

Ese miedo comienza cuando se abre el portón y termina cuando se está dentro del domicilio. Ese miedo sirve para estar atento, alerta. Esa emoción tiene un propósito, que es resguardarnos de posibles daños. Ahora, ¿qué pasa si una vez que estamos dentro de nuestra casa seguimos con miedo? ¿No dormimos de noche tratando de escuchar cada sonido que se produzca en la casa y sus alrededores? ¿Si empezamos a salir menos? ¿A usar menos nuestro auto?

Es decir la emoción del miedo ha dejado de ser pasajera y se ha convertido en un estado de ánimo. Ahora el miedo se ha instalado junto a nosotros y viviremos enmarcados en esa emoción y todo lo que hagamos estará teñido de ella.

Un estado de ánimo común es el de la resignación. La resignación nos dice que no tenemos posibilidades de cambiar lo que nos pasa, que nos conformemos con lo que tenemos, que no sabemos, no podemos, ni nos merecemos más de “lo que hay”.

 Normalmente uno se resigna ante la muerte de un ser querido. Se ha ido de nuestro lado y por lo tanto ya no lo podemos recuperar, al menos, físicamente. Con respecto a un hecho concreto de esta característica la resignación funciona como una herramienta de la aceptación y por lo tanto sirve para un nuevo accionar de esa persona.

Pero cuando la resignación se establece como un estado de ánimo y marca todo lo que hacemos, es peligroso. Pongámoslo así. Si creemos que con el fallecimiento de ese ser amado también se ha ido parte de nuestra vida, posiblemente esa resignación se establezca en nosotros como un estado de ánimo y por lo tanto pensaremos que esa “muerte” le ha quitado sentido a nuestra vida. Ahí la resignación no es un mecanismo de aceptación, al revés, es un mecanismo de negación.

 Es decir la resignación es un estado de ánimo que nos quita la sensación de futuro. Sólo vivimos en el pasado y pensamos que eso que nos pasó es imposible de cambiar o mejorar. Para salir de la resignación hay que revisar lo que nos decimos, hay que cuestionar qué nos estamos conversando y fundar si lo que creemos realmente tiene sentido.

 Para decirlo así, ¿es verdad que con la muerte de ese ser querido, también he muerto yo? ¿Cómo es la muerte si aún sigo vivo? ¿Para qué me sirve pensar que con la falta del ser amado, no puedo seguir viviendo? Las respuestas a estas preguntas dejarán en claro que en muchos casos lo que nos decimos basados en la resignación no tiene sentido: solo le damos sentido desde ese estado de ánimo que nos envuelve.

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