tinta rosa

Los encantos sorpresivos de Fede- Por Gema Gamboa

sábado, 07 de abril de 2012 · 01:32
…como les contaba en la edición anterior, así fue que quedamos para cenar juntos la noche siguiente. Claro está que, a pesar de que tenía otros compromisos, cancelé todos, los del día, los de la tarde y quede con el día libre para prepararme e inclusive para preparar un discurso coherente para disculparme por el papelón de la noche anterior, a pesar de que para él fue gracioso y divertido (aquí estoy de acuerdo con una de mis lectoras, Carla, fue patético).

Comenzó la odisea. Me desperté con un dolor de cabeza que ni los ojos podía abrir (resaca) pero así y todo estaba dispuesta a brillar por la noche, así que arranque nomas. Llamé a la pelu, como no podía ser de otra manera, no había turno. Bien, vamos al plan “B”. Pensé: pelo natural, plancha o rizadora (sí, no me olvide de que le gustaba mi pelo natural, pero yo tenía que impactar) y como me di cuenta de que no tenía la menor idea, después de haberme quedado casi una hora debatiendo internamente, opte por dejarlo para después. Acto seguido, me dispuse a desempolvar ropa. Cayó todo el armario sobre la cama, pero de verdad que saque todo, hasta apareció el vestido de egresada (1991). Automáticamente dije: ¡que hija de p… cómo fui capaz de ponerme esto! Y entendí rapidito por qué Fede se fue con otra jajaja (por Dios, lo que son las modas ¿no?) En esa montaña de ropa sobre mi cama habían vestidos que iban desde el mejor estilo de la Coca Sarli hasta pasando por alguna chaqueta que evocaba a Locomía, siguiendo con toques ridículos que me recordaban a la época de “Jugate conmigo” (seee, los de mi  edad saben de lo que hablo, jajaja). Como verán, fue inevitable preguntarme, y con mucho fundamento: ¿Qué carajo me pongo?

Salí  inmediatamente a comprarme algo. Dos horas más adentro de una tienda. Que esto no me gusta, que esto me hace gorda, que esto me queda grande, que esto es incómodo… Hasta que sí, ¡encontré algo que era perfecto! Solucionado por fin uno de los dilemas, me quedaba por resolver el último: los zapatos. Por suerte no fue muy complicado, tenía unos nuevos, sin estrenar y fueron perfectos, sin que me diera cuenta, entre tanta cosa, ya eran casi las 6 de la tarde. Apure la cosa porque todavía me quedaba la ducha, la mascarilla facial (primera vez en mi vida, pero tenía que hacerlo), la depilación completa otra vez, por las dudas (repaso), mascarilla de pelo, uñas,  retoque de cejas, bigotes, dientes… ¡ah, agotador, listo! Entre todo lo que corrí de un lado para el otro, ordene más o menos el quilombo que había en casa. Pensaba: …de esta noche no pasa, este no se me escapa, este cuando me vea se infarta, te vas a arrepentir Fede de haberme dejado… ¿Graciosa, simple, espontánea? ¡Nooo, nene, soy sexy, fem-fatal, sensual e imponente!, ¿te queda claro?  (¡Aguante mi psicóloga carajo!) Así que ahí estaba yo, con mi vestido nuevo, mis zapatos nuevos, mi pelo natural (opte por lo más seguro) y rumbo a lo de Fede.

Llegue, se repitió la escena del día anterior, pero con una gran diferencia: tomó mi mano, me giró y me dijo: ¡estas, realmente, preciosa! Yo pensaba: ¡ah bueee, me caso! ¡vos estás pa partirte, bombón!, ya sos pan comido, mi amorrr!

Tranquilos que sólo lo pensé. Con el ego por las nubes, como debe ser, mire alrededor, ví la botella de vino cuando el ya me estaba ofreciendo una copa, ¿y qué fue lo que hice? Dije: no, gracias, prefiero un poco de agua (bien ahí ¿no? jajaja).

En un momento de nuestra charla, tranquila, íntima y muy sensual, me dice: “Tengo una sorpresa para vos”, (bueno llegó el momento, ¿por dónde me desabrocho el vestido?). Miró su reloj y en ese instante sonó el timbre, entró otro bombón, más bombón que él (¡que me caigo muerta ya, esto se viene de trío! ¡Gracias Dios, pero con uno, cualquiera de los dos, yo ya estoy contenta!).

Trate de sacar de mi cabeza a la perra que se estaba apoderando de mí. Bueno, en realidad desapareció en segundos cuando escuche que Fede me dice: “Te presento a Santiago, mi pareja… ¿eh? ¿Perdón?  Esto no me está pasando a mí, ¿Dónde está la cámara oculta? ¿Me están jodiendo? Si,si,si  definitivamente esto es una joda… pues no señores, era tan real como se los cuento, de más está decirles que lo que quedó de noche fue escuchar el relato, con todos los detalles, de cómo fue que se conocieron, cómo se enamoraron, ver fotos, videos de sus últimas vacaciones, en Ibiza por cierto (sí, yo también me acordé de que en casa me esperaban los juguetes ibicencos). Triste, ya lo sé, pero bueee, en fin… así fue la noche, mi “amigo” Fede, su “novio” y yo… ¡LA P… MADRE QUE LO PARIOOO!   

La conclusión que saque después de esta inolvidable cena es que la próxima vez antes de cualquier cosa no voy a olvidar preguntar tres cosas fundamentales después de los 30: ¿sos casado? ¿Separado? O  ¿sos gay? 

Pd: Fede, Santi buen viaje, disfruten Caribe…

¡CABRONES!!

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