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La muerte y la soberbia- Por Rachid Yarhad

viernes, 27 de abril de 2012 · 20:24

La muerte es la única certeza que hay en nuestras vidas. Desde el momento en que nacemos, lo único que podemos asegurar de nuestro futuro es que algún día moriremos. Sabiendo esto, sabiendo que no existen más certezas, pareciera que todo es más complicado en nuestro mundo, sobre todo en un mundo en que vivir en la certeza se ha convertido en el máximo mandato por el que debemos transitar.

Pero si le escapáramos a esta sensación de caos que nos trae la idea de la falta de certezas, si dijéramos “ok, vamos a vivir en la duda, en la pregunta”, qué sería lo primero que eliminaríamos de nuestras vidas: la soberbia. Es decir, no daríamos nada por definitivo y viviríamos en un constante devenir de las circunstancias de la vida. Ya no tendríamos respuestas para todo, tendríamos preguntas para todo.

Un ejemplo. Un alto ejecutivo se levanta una mañana, sale de su casa pensando en sus obligaciones del día. Llega a su trabajo y comienza a dar órdenes. Se enoja por los objetivos incumplidos, y se alegra por los aciertos. Define el destino de muchas personas, gana y pierde grandes sumas de dinero todo el tiempo. Son las 12 del mediodía y se toma un minuto para descansar. En esos segundos no para de pensar en lo que deberá hacer apenas retome su trabajo.

Está por terminar el descanso y suena el teléfono. Es su esposa, ella le dice: “Tu padre ha muerto”.  En ese momento el ejecutivo pierde el sentido de la realidad (de las certezas), e invadido por la tristeza, llora y se pregunta por qué la muerte le arrebata a su ser querido. Los teléfonos vuelven a sonar, los emails siguen llegando y la secretaria insiste en verlo. Todo aquello que era cierto hasta ese instante de su vida se ha desmoronado ante la muerte de su padre.

Lo que le pasa a este hombre, además de la tristeza de haber perdido a un ser querido, es que construyó su vida sobre certezas minúsculas frente a la muerte. Es decir, se pasó tapando a la muerte con trabajo, responsabilidades y otras cuestiones, que le hicieron olvidarse de la verdadera certeza. Seguramente después de una pérdida así, este ejecutivo vea aunque sea por algún momento, la importancia de la muerte y se pregunte qué sentido tiene la vida si finalmente va a terminar así.

Esto nos ha pasado a muchos (lectores y a quien firma), pero lo cierto es que rápidamente volvemos a nuestro mundo de certezas y seguimos tratando de tapar el hecho de que algún día moriremos. Si actuáramos por el contrario, y realmente respetáramos a la muerte como la única certeza de nuestras vidas, haríamos el camino hacia ella en la pregunta constante de “qué sentido tiene nuestra vida” y “qué puedo hacer para vivir una vida que valga la pena vivir”.

En el caso de este ejecutivo, la muerte sólo le muestra su presencia al llevarse a su padre. Es decir, que le está diciendo más allá de cualquier duda, que lo único importante en la vida es la muerte, y por más que la queramos tapar, esta va a suceder sí o sí.  Entonces la pregunta que debemos hacernos ante la presencia de la muerte es: “¿Estoy viviendo una vida que vale la pena vivir, o sólo me escondo detrás de la soberbia de que vivo la vida que puedo?”.
 
La muerte nos mostrará el camino. Porque ella nunca avisa y por lo tanto está a la vuelta de la esquina. Nos dice “no se descuiden, vivan su vida lo mejor posible, porque yo me los puedo llevar en cualquier momento”.  La muerte ha puesto a correr el reloj de la vida y segundo a segundo, minuto a minuto, nos va descontando tiempo. Por lo tanto, no hay tiempo que perder, hay que empezar de una buena vez a vivir la vida que queremos.

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