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El resentimiento y la ira - Por Rachid Yarhad

viernes, 13 de abril de 2012 · 22:13

 La última vez definíamos qué eran los estados de ánimo y hablábamos de la resignación. En esta oportunidad vamos a hablar de otro de estado de ánimo común que es el resentimiento. Como dijimos, un estado de ánimo es una emoción que se instala permanentemente con nosotros y tiñe todos los actos de nuestra vida.

El resentimiento nace a partir de un hecho, un hecho que consideramos injusto y que no merecemos. Un ejemplo. Una mujer se casa y toma personalmente un compromiso para toda la vida con la otra persona. Con el paso del tiempo se da cuenta que esa otra persona falla en los acuerdos mínimos de la pareja, como pueden ser la fidelidad y el respeto.

Debido a esto la mujer se separa y luego se divorcia. Ante el hecho de que su pareja no cumplió lo prometido, la mujer, que dice haber hecho todo lo pactado dentro de la relación, considera injusto el resultado obtenido. Debido a esto la mujer se niega sistemáticamente a  cualquier otra posibilidad de iniciar una nueva pareja, porque piensa que si vuelve a confiar en un hombre será nuevamente decepcionada.

Lo que a ella le sucede es que vuelve a sentir lo que sintió aquella primera vez, es decir, re-sentimiento. No lo hace o se enoja cuando se enfrenta a esa posibilidad porque vuelve a sentir la injusticia ya vivida. Normalmente este estado de ánimo se traslada a otros ámbitos de su vida, y en ninguna actividad en la que participe alguien del sexo masculino sentirá confianza o de sólo pensar que se tiene que relacionar con él de alguna forma, se enojará.

Otra de las características del resentimiento, además de creer que es algo injusto y que merecemos algo mejor, es sacar la responsabilidad del que lo siente y pasársela a otro, es decir simplemente echarle la culpa a otro.

En esta misma característica está la solución. Cuando podamos ver que el resentimiento está basado en la misma ceguera que no nos permite ver qué hicimos nosotros para obtener los resultados que obtuvimos. En el momento en que veamos nuestra participación, podremos aceptarlo, perdonarnos y perdonar.

En el caso de la mujer que hablábamos antes, en vez de seguir negándose a tomar una nueva pareja y generalizando por lo que ella vivió (esto de que “todos los hombres son iguales”), ella tendría que fijarse en qué persona eligió para casarse, y si basó la relación en el hecho que el otro iba a cambiar tan sólo por tomar un compromiso con ella. Si lo ve, si se da cuenta que la “culpa” no es tan solo del otro, podrá empezar a salir del resentimiento.

La ira es una emoción que tiene como fuente el resentimiento, pero no es igual a este. El resentimiento se vive casi en silencio. Esa conversación en voz baja sobre la injusticia en que se vive. Mientas que la ira es totalmente abierta y se expresa a viva a voz –normalmente a los gritos-, y su función es básicamente castigar al blanco de esta emoción.

Ejemplo: Un padre que llega a su casa y pasado unos momentos grita e insulta a su esposa u hijos por cualquier tema, seguramente está sintiendo un gran resentimiento en contra de su familia. Pero ese resentimiento que está con bajo volumen fuera del hogar, se despierta en forma de ira cuando traspasa la puerta de entrada.

Sin dudas hay algo en la formación de ese núcleo que él siente que ha sido injusto, algo que le quita posibilidades a su vida, y por lo tanto cada vez que puede los castiga. Esta persona tendrá que preguntarse para qué hace lo que hace y si está conforme con los resultados que obtiene a partir de la ira. Hasta que no lo haga, y no lo pueda ver no podrá salir del resentimiento.

 

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