Un sanjuanino en Cartagena: esperando la Cumbre - Por Gustavo Martínez Quiroga

Una semblanza de cómo se prepara Colombia para la Cumbre de las Américas, a mediados de abril, a la vista de los ojos de un cuyano.
sábado, 24 de marzo de 2012 · 00:33

Los turistas pasean por la ciudad amurallada en medio de aceleradas obras de refacción y embellecimiento, casi ajenos al enorme operativo de seguridad que se montará acá en pocos días más. Miran vidrieras de marcas internacionales  y comparan precios en los restaurantes sin aparente interés en el nuevo capítulo de la historia americana Siglo XXI que se escribirá en éste lugar a mediados de abril.

La Sexta Cumbre de las Américas pretende reunir en Cartagena a 34 mandatarios del continente. Es obvio y hasta desesperado el intento del presidente Juan Manuel Santos de brindarle a Barak Obama un escenario exitoso que le sirva a su campaña. De ahí sus esfuerzos diplomáticos con Cuba, con Ecuador, con Venezuela y hasta con Bolivia para explicar lo inexplicable sobre la no invitación a la isla liderada por Castro en el primer caso y la necesidad de asegurar un auditorio en los demás países, que todavía se muestran reticentes o con ciertas dudas sobre su participación.

Desde San Juan de la Frontera hasta San Juan de Puerto Rico y desde Alaska hasta Malvinas repercutirán los resultados de lo que se resuelva en la mesa de negociaciones sobre problemas endémicos como la marginalidad o el narcotráfico. El ecuatoriano Rafael Correa opina que la reunión sólo sirve a los intereses estadounidenses y se diluye en pronunciamientos y declaraciones. Hay, sin embargo, en Colombia y específicamente en Cartagena enormes expectativas y desde hace varios meses se realizan asambleas y foros para aportar ideas sobre los temas eje del encuentro : Pobreza y Desigualdad, Seguridad Ciudadana, Desastres Naturales y Uso de Tecnologías.

Los pueblos originarios (que sólo en Colombia suman 104 tribus diferentes) vienen haciendo oír sus voces desde hace rato tanto en el Congreso, donde tienen sus representantes como en los medios de comunicación que quieren oírlos: piden ni más ni menos que se les consulte previamente y de manera vinculante cualquier política cuya aplicación los afecte directa o indirectamente. Se jactan de ser los únicos guardianes de la Madre Naturaleza.

El otro gran sector entusiasmado es el académico. Las universidades de toda Colombia y específicamente las de Cartagena debaten ideas y propuestas que pasan por alternativas al capitalismo o mejoras a la educación pública en aras de aniquilar la desigualdad. La gente común, los trabajadores cartaginenses, turismo-dependientes en su gran mayoría, reducen las aspiraciones de la Cumbre a mejoras de infraestructura para asegurar sus fuentes de ingreso.
En un sondeo de opinión sin ninguna pretensión científica que realicé entre los puesteros de la Plaza de las Carretas y frente al estoico monumento al fundador Don Pedro Heredia, la mayoría contestó sin problemas pero redujo los beneficios a la publicidad mundial que tendrá la ciudad y a las urgentes obras de refacción y mantenimiento que pululan por las calles y que habían estado por años postergadas.Casi todos mencionan a Obama. Es sin duda la gran estrella de la Cumbre para ellos. Las constantes referencias cariñosas a la visita del Presidente norteamericano parecen tener una razón: el 90 por ciento de los encuestados son afrodescendientes y se  resisten al desengaño. "No lo dejan hacer", asegura una vendedora de arepas cuando le pregunto sobre si Obama cumplió las expectativas iniciales que había creado cuando asumió. "Que venga -dice otra morocha que se acerca a presenciar la charla- pero que lo lleven también a ver los pobres de Cartagena".

Esos "pobres" se hacen visibles apenas uno se aparta del circuito turístico. Sin ir más lejos, a 5 minutos del centro, en el enorme mercado de Bazurto las respuestas cambian. Y mucho más en Olaya, el barrio suroriental con un índice de pobreza y de indigencia muy por encima de la media nacional. En este lugar las personas desconfían de los resultados de la Cumbre. "Yo no creo que nunca puedan solucionar el tema de la pobreza", dice Julia, una madre soltera de cuatro hijos que vende pescados con la ayuda del más pequeño, excluido del sistema escolar.."Vienen y se reúnen pero no van a terminar con la pobreza. Aquí hay cientos de niños en la calle y muchos casos de desnutrición", agrega con marcado pesimismo.

Sea como sea, el éxito de la Cumbre no está asegurado a pesar de las recientes declaraciones de la Casa Blanca felicitando a Santos por la organización del evento. Y, además, existe el riesgo de que la reunión se "cubanice" a partir de la polémica por la negativa a invitar a Cuba como lo había pedido Correa y otros presidentes de la región. El debate del tema en los discursos podría empañar a los otros ejes temáticos del encuentro y dejar debilitado a Obama ante el establishment de su país, que propició en 1962 la exclusión de Cuba del sistema interamericano y de la OEA, que resiste a capa y espada su eventual reincorporación aludiendo falta de libertades. Es el mismo establishment que toleró alegremente, por ejemplo, la vigencia de Argentina como miembro durante los oscuros años de la dictadura.

Cuando le pregunto sobre Cuba, la gente prefiere no opinar. "No le corresponde estar, creo", arriesga uno. Otro de los cocheros que pasea todas las noches a los turistas internacionales por la ciudad va más allá y se empeña en que los lectores de "San Juan de Argentina" se enteren sobre la deuda de 50 millones de dólares que le debe Fidel a Colombia. "Por eso Castro no quiere venir -dice, con marcado acento caribeño- porque de aquí no sale". Todo parece indicar, sin embargo, que esta será la última Cumbre sin Cuba.

La charla es interumpida por dos turistas alemanas (a propósito son los alemanes los primeros en el ranking de visitantes a Cartagena, pero los argentinos y los chilenos que aprovechan las ofertas de temporada baja no se quedan atrás). En un pésimo español, las rubias preguntan sobre el precio de los sombreros y todos los vendedores acuden prestos a ofrecer todos sus servicios: collares, un city tour por la muralla, sombreros, cocadas y hasta llamadas por celular a una tarifa más barata. Comienzan pidiendo el doble de lo que vale su mercancía pero el regateador experto puede conseguirlo por menos de la mitad. Tal vez una muestra de lo que ocurrirá en la Cumbre.

 

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