tinta rosa

Que no te deslumbre una camioneta… - Por Gema Gamboa

viernes, 09 de marzo de 2012 · 19:41
Por Gema Gamboa
tintarosa1@gmail.com

El otro día viví una situación que me sorprendió. Todavía no sé cómo definirla, no sé si fue para bien o para mal, de hecho sigo un poco traumada.

Todo pasó en el trayecto de dos cuadras. Dos cuadras en las que entendí que un hombre tiene un submundo dentro de su coche, cosa que inmediatamente trajo a mi memoria recuerdos… ¡mi ex!

Resulta que saliendo del trabajo, como siempre camino hasta la cochera, pago y salgo, y en el primer semáforo se pone junto a mí  una tremenda camioneta, de estas  que parecen que están en oferta porque todos los boludos importantes presumen de una. Ahí estaba. Brillante, impoluta, linda, grande, y claro, con vidrios polarizados (“boludo importante”  dije). De repente, miro y veo que comienza a barajar el vidrio. Adentro, el hombre de mis sueños y el de cualquier mujer. ¡Qué tipo divino, que lo parió! (pensé, ojalá no se me note la cara de babosa). Me sonríe (pues no se me notó, jajaja), con un gestito de tipo: ¡hola bombón! Y yo que seguía pensando: “Que no se me note, disimulá. ¡Me mira a mí! No mirés, no mirés y… miré nomás (mi mente quiere joderme la vida).

Mi cabeza a full maquinando y… ¿quién aparece en mi escena mental? Mi ex, claro que sí, sólo eso me faltaba, el tipo que me decía cada vez que parábamos en un semáforo. ¡Mirá qué coche hay a tu derecha! ¡Ese es el próximo que me compro! O el que el día de nuestro aniversario llegaba, tarde, a casa mientras yo lo esperaba con un regalito y la comida que más le gustaba, y de repente a los gritos me decía: “¡Mi amor salí a la calle un momento ! ¡¿Qué ves?! ¡Mirá lo que me compré!”  Y ahí estaba el coche del semáforo!  (En mi mente las puteadas eran hasta en chino mandarín) y decía después: ¡subíte! ¡subíte! y mirá bien ¿eh?! Mirá muy bien (histéricamente emocionado) y yo miraba pensando: “¡Qué divino! Mi regalo está escondido aquí dentro seguro”, acto seguido me decía: ¿viste qué espacioso es? ¡Mi vieja va a estar mucho más cómoda, aquí delante, cuando viajemos en vacaciones!, y yo por dentro me reivindicaba: ¡divino hijo de puta!, pero intentado transformar mi cara de ¿asombro? Nno, de culo, a ver si soy clara. Le medio sonreía y le decía: “…ah que lindo…”

El hombre de mis sueños seguía ahí, parado en el semáforo, junto a mí, mirándome, coqueteándome…y mirada va, mirada viene, las mariposas en mi estómago otra vez, después de mucho tiempo, que hacían que olvidara la cantidad de dinero que mi ex gastó en ese coche y las últimas vacaciones (12 horas de viaje sin poder comer ni una galletita porque quedaban las migas dentro, con mi ex suegra desparramada como una morsa en el asiento de adelante, y yo detrás rodeada de todas sus porquerías y su perro, un pequinés asqueroso ) en las que era una odisea salir de dentro cada 30 minutos, porque el muy cabrón lo compró con tres puertas, esperar a que la morsa bajara para yo poder salir, y esperar otros 30 minutos hasta que la vieja hiciera pis (divino, ¿no?)

En un momento miró el semáforo, y ya en verde el  tipo de la camioneta pone primera y sale para encontrarse conmigo en la próxima esquina. Un poco distraída (como haciéndome la tonta) lo miro como para seguir el juego, pensé, “me la juego a todo o nada” y… ¡mierda, que suerte la mía! el tipo, que ya había perdido el interés en mí estaba luchando con su dedo dentro de su nariz para poder llegar hasta lo más profundo de su cráneo, como con tortícolis, con la cabeza de lado  y empujando hacia adentro. Yo sin poder creer que mi destino fuera mi peor enemigo, fui testigo de esa lucha y de su resultado: Señores, vi el moco más grande que se puedan imaginar. En milésimas de segundo pensé: “¿Y ahora dónde lo vas a pegar, asqueroso? ¿Debajo del asiento? ¿Lo vas a enroscar en la palanca de cambios? ¿Te da para hacerlo bolita? Y ahora ¡¿dónde carajo te metes el moco?! Tristemente debo decirles que preferí volver de vacaciones con mi ex suegra, pero para que se diera cuenta, antes de dejar la anécdota atrás, baje el vidrio de mi coche y le dije: “Disculpáme ¿te puedo hacer una sugerencia?” Y él, muy galán y con el moco escondido, sabe Dios dónde, me dice: “Sí, claro…”
“¿Por qué no cambias tu camioneta por una tortuga y te vas bien despacito a la mierda?”