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Desaprender - Por Rachid Yarhad

viernes, 09 de marzo de 2012 · 19:22
Por Rachid Yarhad

Se dice que en la vida uno aprende todos los días. ¿Será cierta esta afirmación o sólo será un dicho más que se dice al pasar? ¿Qué sería aprender? Les acerco una definición. Aprender es reunir la información necesaria sobre algún tema y luego, gracias a esa información, realizar una acción. Sin la acción que nos permita tener nuevos resultados, toda la información que aprendimos no tiene sentido. Es decir, la acción valida el aprendizaje.

Un ejemplo claro: cuando vamos a la Primaria, la maestra nos enseña cómo sumar y restar. Nos da la información de cómo se hace y luego lo hacemos nosotros mismos. Un ejemplo de vida: uno hace una terapia junto a su pareja, aprende como lo ve el otro a uno y viceversa. De ese aprendizaje se realizan nueva acciones dentro de las relaciones para tener mejores resultados que los que ya hemos obtenido. Si a pesar de la terapia no hacemos nada, sin duda no hemos aprendido.

En los dos ejemplos hay una diferencia muy importante que es la declaración del “yo no sé”. Cuando uno dice que no sabe sobre algún tema u otra circunstancia de la vida, se abre un mundo de posibilidades simplemente porque a partir de esa declaración puede abrirse a aprender. Cuando uno dice “yo sé”, esa  posibilidad está cerrada y por lo tanto el dicho de que “en la vida uno aprende todos los días” no tiene sentido. ¿A cuántas personas escuchamos decir esta frase y cuando las observamos en el día a día están paradas en el “yo sé”?

En los casos mostrados anteriormente vemos que para el niño en la escuela es más fácil declarar “no sé, quiero aprender”. En la niñez carecemos de mucha información y por lo tanto todo lo que nos muestran es un aprendizaje para nosotros. Llegamos al mundo “sin saber nada”, desde atarnos los cordones hasta poder ir al baño solos. Es decir, estamos un proceso de aprendizaje todo el tiempo.

En el caso de la pareja que hace terapia, muchas veces estas inquietudes por salvar la relación fracasan porque una o las dos partes “saben cómo es el otro”. Es decir, no hay posibilidades de aprender algo sobre sí mismos o sobre el otro en esa pareja, que les permita accionar en forma diferente de cómo lo venían haciendo y que por supuesto no les trajo buenos resultados.

Para la gente adulta se les hace muy duro declarar que “no saben” de algo. Está mal visto culturalmente alegar ignorancia. El mundo no es manejado por los ignorantes, sino por los que saben. Esa es la idea y por lo tanto se hace complicado admitir que uno no sabe algo. A diferencia de los niños, los adultos manejan gran cantidad de información y muchas veces no saben o no quieren cambiar lo que ya “saben”.

Es por eso que para comenzar un proceso de aprendizaje en nuestra vida adulta es muy importante saber desaprender lo que ya aprendimos. Es decir, dejar de lado todo aquello que creíamos que sabíamos y que llevados a la acción no nos dieron buenos resultados. Para desaprender es necesario identificar de dónde proviene lo aprendido. Si viene de nuestra familia, de nuestra cultura, de nuestra religión o de otras fuentes ajenas a nosotros.

Al identificar de dónde viene ese aprendizaje podemos decir: “Esto le sirvió a mis padres, o a mi sociedad, o a quien sea, pero no me sirve a mí. Por lo tanto, dejo atrás este conocimiento, declaro no sé y me abro a aprender”. Un ejemplo muy claro sobre esto, es el aprendizaje que se tiene sobre el matrimonio, tanto familiar, social como religiosamente. Si lo aprendido no me sirve (en este caso, el matrimonio) para qué seguir con este modelo de pareja. ¿Puedo declarar que no sé cómo se lleva adelante una pareja y quiero aprender otro modelo?
Desaprender lo aprendido es el primer paso para un nuevo aprendizaje que nos lleve a los resultados que queremos en la vida.

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