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Soberbia = sufrimiento - Por Rachid Yarhad

viernes, 03 de febrero de 2012 · 20:19
Sin ponernos muy rigurosos podemos decir que existen dos tipos de soberbia. Aquella que usamos para definir algo muy hermoso o valioso, como “qué soberbio caballo”, y la otra, que hace referencia a la actitud humana de creer que siempre tenemos razón.

A esta segunda nos referiremos, a la vez que haremos la salvedad de que cuando decimos soberbio, no estamos diciendo arrogante, que es aquel que además de creer que tiene razón, se arroga el derecho de demostrárselo a los demás sin siquiera pedir su permiso.

Pero volvamos a la soberbia que nos interesa. Esta forma de ver las situaciones que nos pasan en la vida, esta parada sobre la frase “Yo sé”. Es decir, aquella persona que sabe cómo son las cosas ante cualquier situación y cómo son las personas según su punto de vista.

Entonces, un soberbio es aquel que se guía en la vida según como él cree que son las cosas y todo aquello que se salga de su visión, está equivocado.  Es por eso que normalmente un soberbio es una persona que se pasa juzgando tanto a los demás como a sí mismo.  Para él, todo tiene que ser blanco o negro, bueno o malo, y desde allí dictamina cómo vivir.

Un ejemplo: ¿qué pasaría  si una mujer común y corriente pensara que para ser considerada bella tendría que tener el cuerpo de una modelo de revista?  Si es soberbia y piensa que la belleza es “así” como la de los modelos, seguramente sufrirá porque ella no lo es. O peor, intentaría alcanzarla pero nunca estaría conforme.

Esta misma mujer encuentra un hombre que le asegura que ella es muy linda. Como esta mujer “sabe” que ella no es linda, inmediatamente comenzará a desconfiar de la persona que se lo dijo.  Supongamos que a pesar de esta certeza, la mujer se decide a empezar una relación. La misma no durará mucho, porque siguiendo con la línea de la soberbia, la dama en cuestión pensará: “Este hombre no se valora porque sale con mujeres feas, por lo tanto él tampoco vale mucho”.

En una palabra, la soberbia –si nos mantenemos inamovibles dentro de ella- en muchos casos es un círculo vicioso que siempre nos llevará al sufrimiento. Ya sea porque no siempre las cosas son como nosotros creemos, o peor aún, cuando tratamos dar un paso delante de nuestras certezas, siempre caemos en lo que nosotros creemos que “sabemos”.

¿Qué pasaría si aceptáramos al otro como es y no como nosotros queremos que sea? ¿Qué pasaría si nos aceptáramos como somos y no como creemos que somos? Mucho del sufrimiento del que antes hablábamos se evitaría y trataríamos de disfrutar de la vida a partir de lo que somos y de lo que podemos ser, más allá de las propias certezas.

El ejemplo de soberbia más duro es el de aquel padre que no acepta que su hijo tenga una preferencia sexual diferente a la que él cree que debe ser. El sufrimiento se pone en marcha. La homosexualidad de ese hijo estará fuera de lo que él cree que deben ser las cosas; por lo tanto, está mal.

Y el real problema es la soberbia, no  las explicaciones que se pueda dar ese padre de por qué la homosexualidad es mala para su hijo. Ya sean religiosas, culturales o familiares, son sólo argumentos para defender lo que él “sabe” sobre cómo debe ser un hijo, y no para aceptarlo como el otro quiere ser. Seguramente ese padre también sufrirá porque se autojuzgará pensando “qué habré hecho mal para que mi hijo decida esto”. Es decir,  más sufrimiento sin explicación.

Finalmente, como vemos,  la soberbia nos cierra posibilidades. Nos da certeza de cómo son las cosas y no nos deja salir de ahí, como en un círculo vicioso. Lo contrario a la soberbia  es declarar que “no sé” como son las cosas, por lo tanto tengo que aprender. Nos abre la posibilidad de un nuevo camino, que nos alejará del sufrimiento ya conocido.

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