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La “reina” de las posibilidades - Por Rachid Yarhad

sábado, 25 de febrero de 2012 · 00:42
Si pudiéramos ver al acto de aceptación como un punto de partida y no como un punto de llegada, sumaríamos un mundo de nuevas posibilidades en la vida. Es decir, que el acto de abrirnos a aceptar al otro o a nosotros mismos con virtudes y defectos debe ser el comienzo que necesitamos para cambiar lo que queramos cambiar.

Un ejemplo simple es el dominio de la pareja, pero que también puede servir para situaciones de trabajo, familiares o con los amigos. Si una mujer que sufre mucho con un novio infiel, acepta que ese hombre no sostiene sus compromisos básicos en una pareja, también podrá aceptar que ese hombre no es lo que está buscando para tener a su lado. Es decir verá (aceptará) cómo el otro es y de allí se dispondrá para el cambio, si quiere seguir con una persona que es así.

¿Qué pasa cuando no lo ve (no lo acepta)? Si tiene las evidencias de la infidelidad y asimismo insiste con esa pareja, en realidad no está aceptando cómo es el otro y no está viendo hasta qué punto es capaz de soportar actitudes de ese tipo en nombre del “amor”. Es decir, que la no aceptación la dejará en donde está, sin cambio, en el sufrimiento.

En este caso vemos que el cambio es el paso que le sigue a la aceptación. Una vez que aceptamos “cómo son” las cosas en ese momento, podremos prepararnos para cambiarlas. En el caso que veíamos más arriba podemos decir que es factible modificar nuestra definición del amor, y empezar a dejar de lado esto de que “porque estoy enamorada” voy a soportar situaciones que no quiero soportar.

Y ese cambio en lo que creemos que es el amor lo veremos en acciones, porque diremos: “aunque siento amor por vos, también lo siento por mí, y entre vos y yo, me elijo a mí y te dejo libre”. Es genial que en esta sola acción,  no sólo estamos aceptando que el otro es como es, sino que también nos estamos valorando como personas y, a la vez, defendiendo nuestra dignidad.

Como vemos, el cambio es la “reina” de las posibilidades, porque va más allá de la prueba y el error; el cambio es una acción, es decir la parte última de un aprendizaje, en realidad es la acción que valida todo ese aprendizaje. Porque, en definitiva, aprender es reunir la información necesaria para lograr una acción diferente, ya que sin acción no hay aprendizaje.

Y en este aprendizaje veremos que muchas veces lo que tenemos que cambiar realmente no son las acciones, sino cómo nos vemos a nosotros mismos en esas acciones. Porque, y siempre volviendo al ejemplo anterior,  si esa mujer se vuelve a enamorar de otro infiel, en realidad lo que no está cambiando es su forma de elegir, por lo tanto siempre hará lo mismo. Y aunque en definitiva deje a ese otro descomprometido con la pareja, volverá a pasar por el mismo proceso de sufrimiento.

Por eso los cambios empiezan con uno. En verse a uno mismo, en aceptarse en cómo es hasta ese momento. Si nos damos cuenta que “dado que somos como somos” seguimos accionando de la misma manera, es bueno decir cambiaré “como soy yo” para así cambiar la realidad que me rodea y, dentro de ella, a las personas con las que me relaciono.

El cambio es un arma muy potente que tenemos a nuestro alcance. Nuestra vida es un constante cambio desde lo biológico, por lo tanto es natural cambiar nuestra forma de ver la vida al compás de nuestra biología. El cambio es crecimiento, es arriesgarse, es salir de la comodidad. El cambio es incómodo, pero único.

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