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La tristeza - Por Rachid Yarhad

viernes, 10 de febrero de 2012 · 20:59
La tristeza es una emoción muy simple. Proviene de un solo lugar que es la pérdida de alguien o de algo querido. Si ven a alguien triste, inmediatamente le pueden preguntar a quién o qué cosa perdieron, allí encontrarán la respuesta.  Si el interrogado dice no saberlo, habrá que repasar con él que cosas ha perdido recientemente o más en el pasado de su vida.
Cuando una persona está pasando por una tristeza, es decir “está llorando de tristeza”, está seguramente en un proceso de aceptar que perdió lo que ha perdido. Cuando ese proceso no se termina, es decir que a pesar que las lágrimas se han secado, la tristeza queda en nuestro corazón, lo que no se cumplió fue el paso que le sigue: la aceptación.

La aceptación es tomar las situaciones o las cosas como son y no como queremos que sean. Un ejemplo, si nos enamoramos de alguien y ese alguien declara que ya no nos ama, sentimos la tristeza de perder esa relación y la posibilidad de ese amor. Si lo aceptamos, podremos seguir adelante y tomar lo sucedido como un aprendizaje.

Si nos quedamos en la conversación interna de que no habrá otra relación como esa y que no habrá otro amor como ese, seguramente nos quedaremos con esa tristeza de no aceptar que aquello,  como estaba dispuesto,  no era lo mejor para nosotros y nos quedemos estancados allí. Una persona que por falta de aceptación se queda en la tristeza, normalmente se transforma en una persona que se enoja. Porque el enojo es la mejor forma de ocultar la tristeza.

En muchos casos el enojo esconde detrás una gran tristeza. Un ejemplo:  usted conoce un jefe en un trabajo que está todo el día enojado y que maltrata a las personas.  Luego se encuentra  a ese mismo jefe en otro trabajo con la misma función, pero con un carácter totalmente amable y que da gusto trabajar con él.

Seguramente el trabajo anterior le causaba una profunda tristeza, ya sea porque se sentía que no lo valoraban, que no lo respetaban o no lo tenían en cuenta. En esos casos el jefe vive en la tristeza de haber perdido su dignidad. Cuando dejó ese trabajo, ese hombre salió de la tristeza que le producía esta situación y aceptó que ese no era su lugar para trabajar.  Llegó a ese punto de la aceptación, en que más allá de todo el deber ser (dinero, familia, status, etc), era aceptar que estaba haciendo algo que iba en contra de su persona  y que había perdido su dignidad. En el momento en  que lo ve y se pude perdonar a sí mismo, la aceptación muestra su otra cara,  que es la de la posibilidad de cambiar algo que antes no aceptaba. La frase es: “Ahora que lo veo, lo puedo cambiar”.

En ese mismo momento  en que el proceso de la tristeza termina, desaparece el enojo, porque ya no tiene nada que tapar. Ahora el enojo será circunstancial con las situaciones que le vengan en la vida, y no por una tristeza que es un telón de fondo que enmarca todo lo que hacemos.

La tristeza es un proceso que debemos pasar sí o sí cuando perdemos lo querido, no hay forma de evitarlo. Lo que no podemos hacer también es quedarnos a vivir en ella, porque nos modificará por completo y nos cerrará todo tipo de posibilidades. Hay que estar atentos, no quitarle importancia, pero no dejar que se mude con nosotros.

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