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Sexo = vínculo - Por Rachid Yarhad

viernes, 13 de enero de 2012 · 19:43
Por Rachid Yarhad
Rachidyarhad49@gmail.com

Una nueva interpretación asegura que los sistemas familiares se forman de todos aquellos vínculos que tenemos como personas. Es decir padres, esposos, hijos, abuelos, primos, y todos aquellos con los que tengamos una ligazón sanguínea.

Sólo hay una acción que produce un vínculo tan fuerte como el familiar y trastoca nuestro sistema como el de los lazos sanguíneos. Esa acción es la de mantener relaciones sexuales con otro. El hecho de tener sexo con otra persona nos vincula definitivamente a ella, ya que en el proceso de tener sexo se pone en juego la vitalidad de los participantes.

No hay que confundir relación con vínculo. El vínculo es algo que existe por sí solo y existe más allá de lo que hagamos o no hagamos después con él. Una relación es la conversación que mantengo con el otro y depende de esa conversación si crecerá o no.

Podemos decir entonces que no todo vínculo es una relación, y que no toda relación es un vínculo. Yo puedo tener un abuelo al que nunca conocí y tener un vínculo de por vida con él. No tengo relación pero sí un vínculo. La presencia de ese abuelo participó directamente en mi existencia y es por eso que es importante en mi sistema.

Yo puedo haber trabajado veinte años con la misma persona y tener una gran relación de trabajo con él, pero no por eso tengo un vínculo. Él puede estar en mi vida, pero su presencia o ausencia no modifica mi sistema. Es decir, que tengo una relación pero no un vínculo.

Cada uno tendrá sus interpretaciones al respecto, sobre qué es más importante, si la relación o el vínculo. Lo cierto es que son dos sistemas paralelos que se entrecruzan muchas veces en la vida. Uno depende directamente de nuestro sistema familiar (vínculo) y el otro, de nuestras conversaciones privadas y públicas (relaciones).

Teniendo en cuenta lo que decíamos más arriba, que tener sexo es la única forma de vincularnos externa a los lazos familiares, podemos decir que la práctica del sexo cobra una nueva importancia ante nuestros ojos. Es decir, que cada vez que mantenemos sexo con alguien, nos estamos vinculando a esa persona y a la vez afectando nuestro sistema.

Esto es así porque en el sexo los participantes ponen en juego su vitalidad, es decir su vida. En cada acto sexual damos un poco nuestra vida. Esa entrega de lo vital es lo que hace tan especial el acto sexual. Es eso lo que le da real importancia y siempre está un escalón más alto que el puro placer. 

 En muchos casos cuando las personas tienen sexo casual (el acto en sí mismo), la sensación que sobreviene luego del placer, es el vacío. Porque luego de haber logrado el primer objetivo, nos preguntamos “para qué” hicimos lo que hicimos, si no nos queda “nada adentro”. 

 Lo mismo pasa con  aquellas personas que se siguen acostando con alguien que no desea tener una relación como nosotros la quisiéramos, y luego de habernos entregado al sexo sufrimos, porque a pesar de que acatamos nuestro deseo, siempre obtenemos el mismo resultado.

Para aquellos que se encuentran en estas situaciones, es muy buena la pregunta “para qué hacemos lo que hacemos, si sólo nos trae vacío o sufrimiento”. Seguramente la respuesta tendrá que ver con nosotros y cómo elegimos formar y valorizar nuestros vínculos.  Un nexo tan importante, que afecta directamente el sistema principal de la vida.

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