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Mejor un buen limón - Por Rachid Yarhad

viernes, 02 de diciembre de 2011 · 19:21

Por Rachid Yarhad
rachidyarhad49@gmail.com

La aceptación es sobre todas las cosas un acto de amor, un acto de apertura. La primera aceptación que debemos realizar es la de nosotros mismos. Luego de realizarla, podremos ejercer la aceptación sobre los otros. Especialmente en nuestra pareja.

Aceptar es estar en paz con uno mismo. Es estar en equilibrio con lo que soy y preparar el camino para lo que quiero ser. Es decirse me reconozco en lo que yo considero mis virtudes y trato de mejorarlas cada día. Y también me reconozco en lo que considero mis defectos y estoy en camino de resolverlos y transformarme. Vivo en ese devenir de quien soy con alegría y levedad.

Pero como otras muchas cosas esto es un proceso, y como todo proceso lleva su tiempo, sus idas y vueltas, sus errores y aciertos, pero sobre todo es un camino-aprendizaje de nosotros mismos. Hay que estar dispuestos, hay que estar abiertos a reconocerse y sobre todas las cosas, a perdonarnos.

El acto del perdón es un acto directamente hermanado con la aceptación. ¿Cómo he de aceptarme como soy, sino puedo perdonarme? El perdón es la posibilidad que tenemos de soltar aquello o aquel que nos ha ofendido o dañado. Es decir “Perdono  lo que me hiciste, no olvidaré lo que pasó, pero no seguiré enojado con esto”.

El enojo en sí es la falta de aceptación. En muchas ocasiones estamos más enojados con nosotros que con los otros, lo único que hacemos es ponerlo en alguien porque no podemos ver que en realidad,  a quien no estamos aceptando es a nosotros mismos.

Para muchos es más certero culpar a otro que a uno mismo, que realizar el proceso de conocerse uno mismo, vivir en la aceptación e iniciar el viaje de cambio que es necesario para lograr lo que deseamos para nosotros.

Si trasladamos esto a la relación de la pareja, podemos decir que no podremos aceptar al otro si antes no nos aceptamos nosotros mismos. La frase conocida “no podré estar bien con otro, si primero no estoy bien conmigo”, habla de eso.

Si no sabemos aceptarnos a nosotros,  ¿cómo aceptaremos a otro? Sino puedo perdonarme a mí mismo, ¿cómo perdonaré al otro? Si vivo en el enojo,  ¿por qué no voy a vivir enojado con el otro?

Aquí es donde desechamos la idea de “la media naranja”. Esto de que existe alguien que es “la mitad que me falta para ser completo”  no es real. Tenemos que aceptar que somos entidades diferentes que a través del amor y la aceptación,  nos uniremos. No que existe alguien que es igual a mí al que nunca le cuestionaré nada.

La imagen sería “soy una naranja que espero enamorarme y aceptar a un hermoso limón”. Eso es más real que la idea de dos medias naranjas dando vueltas solas por el mundo. Seguramente las mitades de este cítrico se pudrirán antes de juntarse.

Al saber que el otro es un limón, habrá que aceptarlo y amarlo de esa manera. Pero algunas veces nos enredamos con un limón, iniciamos una relación con él, pero secretamente esperamos que “gracias  a nuestro amor”,  se convierta en naranja.

Esto no va a suceder. La aceptación en una pareja es algo que se conversa, se acuerda, se perdona. No es el acto de uno solo, es un acto de a dos, en el que ambas partes se hacen cargo  de las particularidades del otro e inician el camino de la transformación,  que significa construir un espacio nuevo y compartido.

La naranja y el limón irán de la mano aceptando que son diferentes, sabiendo que de esa mezcla maravillosa saldrá una nueva y única fruta producto del amor.

 

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