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Escucha generosa - Por Rachid Yarhad

viernes, 16 de diciembre de 2011 · 19:45
Por Rachid Yarhad
rachidyarhad49@gmail.com

El escuchar es sinónimo de estar presente con en el otro. Sino escuchamos, no hay conversación. Si no hay conversación, no hay relación.  Es por eso que cuando observamos que en una pareja comienzan los reclamos de “no me escuchas”, seguramente estaremos presenciando el final anunciado de esa relación.

Primero definamos qué es escuchar. Para muchos es tan solo el acto fisiológico de percibir los sonidos del habla del otro con nuestro oído. Pero escuchar es un proceso más complicado que oír. El escuchar es oír más la interpretación que hagamos sobre lo dicho. Muchas veces tenemos  la sensación que decimos algo y que él otro escucha otra cosa. A todos nos ha pasado.

Un ejemplo, una madre le dice a su hija que por favor le lave los platos. La niña lava los platos y le avisa a su madre. La madre llega a la cocina y ve que los platos están lavados, pero que los vasos, los cubiertos y las ollas que estaban en la misma pileta todavía siguen sucios. La madre se enoja porque entiende que la niña lo desobedeció. La niña no entiende por qué ella hizo lo que su madre le pidió.

Esto es un ejemplo que nosotros decimos lo que decimos y el otro escucha lo que escucha. Por esta razón podemos afirmar que lo más importante en una conversación es quien escucha, porque es el que finalmente validará la conversación.  Por eso es necesario implementar en cualquiera de nuestras relaciones (familiares, de pareja, laborales), el proceso de chequear lo que el otro dijo, para confirmar o no lo que escuchamos.

Si nos fijamos en la definición antes dadas, decimos que el escuchar es oír y luego interpretar lo dicho. Cuando esto sucede al revés, es decir interpretar y luego oír, no estamos teniendo una conversación con otro sino con uno mismo. Esto sucede muchas veces ya que nuestra conversación interior siempre está presente.

Estos que nos decimos sobre el otro cuando nos está hablando, puede cambiar el total significado del mensaje. Si hablamos con alguien que creemos mentiroso, es muy posible que antes de que nos empiece hablar ya hagamos el juicio de que lo que dice no es cierto. Si charlamos con alguien al que consideramos trivial, siempre tendremos la duda si lo que nos dice es enserio o en broma.

Cuando esto es así, y creemos que sabemos que sea lo que sea lo que el otro nos va a decir ya sabemos lo que será y que trasfondo tiene, no estamos escuchando, solo estamos parados en la soberbia del “yo lo sé”  y no estamos perdiendo la conversación. La soberbia es una actitud que nos cierra posibilidades, mientras que el escuchar nos abre posibilidades.

Se puede asegurar que una escucha generosa es aquella en la que al momento de la conversación, nosotros como escuchas renunciamos a nuestra conversación interior y nos ponemos totalmente al servicio de quien nos habla. Esta renuncia a esa conversación interior es un acto total de apertura. Y como ya hemos dicho, la apertura es un acto de amor, la emoción madre de todas las emociones del ser humano.

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