Posibilidades

Queja vs. acción - Por Rachid Yarhad

viernes, 04 de noviembre de 2011 · 19:58
Un cuento: Un hombre está sentado en una silla en el jardín de su casa. Al lado de él, un perro está acostado sobre una diminuta cama de clavos. El animal aúlla de dolor. Su dueño ni se inmuta. Un vecino indignado que pasa por la vereda  lo increpa: “¿no le da vergüenza ver a ese pobre perro sufriendo y no hacer nada para ayudarlo?”.  El hombre tranquilamente le contesta: “no me da nada, porque se ve que le duele lo suficiente para quejarse, pero no para levantarse e irse”.

Esta conocida historia muestra cómo muchas veces nos quedamos en la queja y pocas veces hacemos algo para cambiar nuestra realidad. Si llevamos esta situación a nuestra pareja lo veremos claramente (y también otros ámbitos, trabajo, familia, amigos, etc).

 Cuántas veces nos quejamos de aquel que decimos elegir para acompañarnos hace o deja de hacer. Cuántas veces criticamos su forma de ver el mundo o de opinar. Cuántas veces nos quedamos callados y aguantamos situaciones, que de ningún otro ser humano soportaríamos, tan solo porque es nuestra pareja.

Y peor aún,  los derivados de esas quejas son acciones a veces pueriles que no solo atentan contra la identidad del otro, sino con la de la “supuesta” víctima, porque también demuestra lo poco que se estima al aguantar todo lo que “dice aguantar”. No solo hablamos mal del otro, sino que en más de una oportunidad nos encargamos de perjiniar venganzas que van desde no tenerlo en cuenta, hasta la infidelidad si es necesario.

Seguramente alguien dirá “pero esto no es una pareja si existe tanta queja”, pero siendo sinceros, cuántos matrimonios o noviazgo vemos a menudo que son solo un rosario de reclamos el uno contra el otro.  Cuántos mandatos sociales y familiares decimos mantener para seguir adelante con una relación que a simple vista no es la que queremos.

¿Realmente tiene que ver con el otro? Es más fácil echarle la culpa a nuestro compañero/a de lo que nos hace sentir mal. Pero si no estamos a gusto, si no es lo que uno busca como pareja, porqué sostenerla. Habrá que buscar en uno porqué preferimos  despotricar pero no decidirnos a hacer algo que cambie nuestra realidad.

Cientos de “fantasmas”  se acercan al tan solo pensar en tomar una decisión que nos saque de esa situación. Los mandatos que aprendimos en nuestra vida se vienen todos juntos en nuestra cabeza para derrumbar la sola idea de hacer algo que nos cambie. Pero todos ellos juntos, lo que aprendimos desde la familia, la religión, la sociedad en la que vivimos, todos ellos se derrumban ante la certeza de lo que uno realmente quiere.

Ninguno es válido ante el propio bienestar, ni siquiera el futuro de nuestros hijos si los hubiera, porque sin duda  para los niños es mejor estar cerca de progenitores que se arriesgan por estar cada día mejor, que de aquellos que tan solo transmiten dolor y resentimiento.
La respuesta a todo es esto es la acción. Hay que accionar sin temor a equivocarse. No hay que ser como el perro que tan solo se queja. Hay que levantarse de nuestra propia cama de clavos y arriesgarse al cambio. Nos equivocaremos seguramente, pero por lo menos estaremos en camino a acertar si lo intentamos.

Sino terminaremos como el pobre animal, que ha logrado lo que finalmente logran todos los quejosos. No tan solo continuar con nuestro dolor, sino que hasta las personas más cercanas a nosotros nos regalen su indiferencia.

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