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Elección - Por Rachid Yarhad

viernes, 25 de noviembre de 2011 · 20:06
rachidyarhad49@gmail.com

Seguimos con nuestro adentramiento a la descripción de lo que es el amor de pareja. En el artículo anterior mostramos que uno de los ítems que debe incluir este tipo de relación es la elección. Uno parte de la idea que cuando se enamora, ya está eligiendo al otro, pero la verdad en lo que hace a este tipo de amor, es que  la elección definitiva viene después,  cuando decidimos compartir nuestra vida con un compañero/a.

Es cierto que existe esto que le llamamos química o piel que en un primer momento produce el acercamiento hacia el otro.  Esta sensación de placer y de bienestar dada por las compatibilidades que están a la vista o por el simple gozo erótico, es, digamos, tan solo la cabeza de playa de lo que luego puede ser una relación.

 La experiencia indica que muchas personas que hacen esta primera elección basada por particularidades superficiales, luego no están conformes con la misma,  porque lo que parecía ser de una forma,  se convierte en otra pasado un tiempo. Y si a eso le agregamos que hacemos este tipo de elecciones más de una vez y seguimos obteniendo el mismo resultado, la situación se vuelve por lo menos complicada.

Hay que escaparle  a conversaciones  convencionales tales “como ya no hay hombres buenos, son todos mentirosos” o “las mujeres de ahora son egoístas, no son como nuestras madres”, porque lo único que hacen es cerrarnos posibilidades y trasladarles nuestros errores a los otros. ¿Porqué en vez de hacer eso, no revisamos cómo elegimos lo que elegimos y los resultado que esto nos trae?

Una bella mujer de cuarenta con varios años de divorciada me decía: “Mi problema es que a mí me gustan los tipos ‘bananas’ por fuera y ‘peras’ por dentro, pero es imposible, una vez que le sacas la cáscara, los ‘bananas’ siguen siendo ‘bananas’.

La traducción de esta frase es muy simple. Esta mujer elegía por el agradable y erotizante exterior de la persona, pero con el tiempo se daba cuenta que la superficialidad con la que seleccionaba a esa persona, no se repetía en el interior de la misma, y lo que antes le parecía tan bello, ahora era otro fiasco más de mentiras y falta de compromiso.

 No se debe generalizar, es cierto, pero hay que mirar alrededor y ver bajo qué stándares se elige y será eso lo que se consigue. Entonces,  aquel que consigue los mismos malos resultados, tiene la posibilidad de cambiar esos parámetros y arriesgarse a cambiar la forma en que se  elige.  Para eso tenemos que empezar por cambiar nosotros y hacernos preguntas sobre lo que nos gusta.

Es decir que tenemos que fijarnos prioridades. Si vamos a elegir por valores, elijamos por valores. Si queremos alguien confiable, respetuoso y generoso, busquemos eso y no otra cosa. Lo que normalmente se hace es elegir en primera instancia alguien que nos parezca bello y excitante, y esperamos que de pura casualidad también sea confiable, respetuoso y generoso. Eso pocas veces pasa.

La pregunta que debemos hacernos es si realmente queremos alguien confiable, respetuoso y generoso más allá de su apariencia, o lo único que nos importa es  cómo se ve el otro. Hay que ser sinceros y cuando nos demos cuenta qué queremos, hacerlo y vivirlo sin culpa. De esa manera evitaremos las quejas sobre los otros y nos haremos cargo de nuestras elecciones y viviremos lo que nos toque a partir de ellas.

Finalmente, es bueno decir que es posible cambiar nuestros parámetros de elección y enamorarnos de una persona desde otro punto de vista de cómo elegíamos antes. Esto habla de nuestra apertura como personas, y de nuestro aprendizaje sobre nosotros mismo y los otros.  Y si algo se puede afirmar definitivamente en esta columna,  es que la apertura es sinónimo de amor.

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