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El amor - Por Rachid Yarhad

viernes, 18 de noviembre de 2011 · 18:54

Vamos a adentrarnos en un tema por lo menos complicado: tratar de definir el amor. Haremos esto para echarle un vistazo sobre todo a lo que llamamos amor de pareja. Trataremos de definir esto tratando de ir más allá de la emoción y ver qué supone  estar enamorado de otro.

Amor (de pareja): es la emoción que conlleva elección, aceptación, confianza y erotismo por el otro. También podemos agregarle a esta definición, la posibilidad de contar con la información necesaria para tomar las decisiones que hacen a la pareja.

Vamos por parte. El amor de pareja es, ante todo,  una emoción. La emoción madre de todas. Es la que habla de la apertura en la que nos ponemos hacia el otro. Es convertirnos en una posibilidad para el otro y que el otro se convierta en una posibilidad para nosotros.

 Esta emoción no la controlamos en su génesis;  cuando nos enamoramos, nos enamoramos. Eso no quiere decir que luego no podamos cambiar esa emoción. No solo que podemos, sino como veremos, debemos cambiarla si no se cumplen los otros ítems de nuestra definición.
Es decir que esta tesis es totalmente contraria al amor romántico y a creer que con este sentimiento, se puede todo. No es la idea quitarle la belleza y el placer que se producen con  esta emoción, pero si advertir seriamente a los “románticos” que hacer y aguantar cualquier situación en el nombre del  “amor”, no tiene nada que ver con el sentimiento en sí, sino con otras aristas que no vemos de nosotros mismos.

Sigamos. La elección es un punto muy importante a la hora de comenzar una relación de pareja. Podemos identificarnos enamorados de una persona y por lo tanto, elegirla. Esa es la idea.  Pero ¿qué pasa cuando esa situación de enamorarnos y elegir a personas parecidas, una y otra vez, no nos funciona?

Se puede decir que el sistema de elección de alguien que está buscando formar una relación de pareja es tan importante como el sentimiento mismo. ¿Cómo elegimos y qué elegimos? Nuestra experiencia al respecto es muy importante. Si vemos que siempre elegimos el mismo tipo de persona y siempre obtenemos el mismo resultado, indudablemente nuestros parámetros de elección están equivocados.

Pegado a la elección está el tema de la aceptación. Si elegimos a alguien,  es bueno aceptarlo como es y amarlo en ese estado. Difícil será amar a alguien al que no aceptamos por completo de entrada,  pensando en la posibilidad de que va a cambiar. Es decir, nos gusta parte de esa persona y pensamos que con el devenir de la relación, la parte que no nos gusta, va a cambiar.
Usualmente esto no sucede y sobre todo si estos cuestionamientos de la personalidad del otro se mantienen ocultos y no se hablan en la pareja. Cabe preguntar para qué introducirnos en una relación en que el otro nos gusta a medias. Esto sucede muchas veces y tiene que ver más con la necesidad de no estar solo que con la ilusión de que “el amor todo lo puede”.

Pasados los tres primeros ítems (emoción, elección y aceptación), el que les sigue, la confianza, se vuelve muy importante. Básicamente,  cualquier relación de nuestra vida se basa en la confianza, pero en la relación de pareja es todavía más relevante que en otras, ya que se trata de un vínculo donde no existe la incondicionalidad, como si la hay en el amor de un padre a un hijo o viceversa.

En las parejas hay condiciones y acuerdos. Sin ellos es imposible llevar adelante la relación. Por eso cuando estos se rompen,  de alguna manera se está rompiendo la pareja. La confianza en el otro y su reciprocidad es vital para la continuidad del nexo, y sin lugar a dudas se puede decir que donde no hay confianza, ya no hay pareja.

Con respecto al erotismo hay que ser categórico: el amor de pareja es el único tipo de emoción que también incluye el erotismo hacia el otro. Es decir que es una condición extremadamente importante para que la relación funcione. Seguramente si esto no es así y el erotismo no está presente entre los dos, no estemos hablando de una pareja,  sino de otro tipo de relación.

Finalmente, y como en muchos otros espacios de la vida, la información que tenemos o no tenemos del otro es muy necesaria para tomar decisiones. Sobre todo en los ítems de elección, aceptación y confianza. No hay que quedarse callado en una relación. Hay que despejarse las dudas sobre el otro, escuchar y reflexionar al respecto.

Si no hacemos este proceso y solo nos dejamos llevar por “la magia del amor”, luego nos encontraremos con situaciones que no nos gustan y que el otro asegurará haberlas informado en forma y tiempo. Como dice un amigo,  y que sirve para mostrar la importancia sobre qué sabemos o no del otro, les dejo esta frase: “Nos enamoramos de lo que nos enamoramos, y nos divorciamos de lo que encontramos”.

 

 

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