Posibilidades

El deseo - Por Rachid Yarhad

viernes, 11 de noviembre de 2011 · 20:25
Hablemos del deseo y seamos categóricos: sin el deseo nada; con el deseo todo. Así de simple. Desear es vivir. No desear es caminar hacia la muerte. Desear es estar en marcha hacia un objetivo. El no deseo es la paralización, es el vacío de no encontrarle sentido a nuestros actos.

Muchos lo encasillan en el puro deseo sexual, pero en realidad funciona en todos los dominios de nuestra existencia. Tiene que ver con nuestras visiones, nuestros sueños y con lo que deseamos alcanzar para nosotros mismos y para aquellos que amamos.

Para algunos, será más fácil identificarlo con el sexo, pero seguramente aquel que tenga problemas de deseo en este ítem, también lo tendrá en otros espacios que son más difíciles de observar, pero más fáciles de ocultar.

Cambiemos a la pregunta a ¿qué querés? y renuévenla tanto como puedan. Aseguran que la felicidad no es conseguir lo que uno quiere (en este caso lo que uno desea), si no saber lo que uno quiere, porque en ese mismo momento se empieza a recorrer el camino y en ese trayecto podemos encontrar otras cosas que queremos o que no queremos.

Para todos es conocida la frase “lo importante es el camino”, pero dentro de este tema cobra verdadera importancia. Porque el proceso (camino) que llevemos adelante en pos de nuestro deseo, es tan importante como lo deseado.

Ese proceso nos llevará a tantos lugares, experiencias y personas, que hasta puede hacer cambiar el objetivo de nuestro deseo. Hay que arriesgarse y tomar nota. Ser un aventurero de nosotros mismos y descubrirnos paso a paso sin miedo a cambiar.

Hay que ser sinceros, ¿cuántos de nosotros se están preguntando en este preciso momento qué quiero? Hagámoslo peor: ¿quiero lo que tengo? Peor aún, ¿para qué lo quiero? El deseo es un mar de preguntas más que un mar de explicaciones.

El que se pregunta, desea; el que sabe las respuestas se queda dónde está. El deseo va en contra del deber ser. Eso está claro. El deber ser, en el rol que a ustedes les toque o prefieran, padre, hijo, amante, rico, pobre, humilde, solidario, lo que les guste, es solo un mandato social, familiar o religioso. Es una conversación en nuestra cabeza que podemos cambiar o al menos bajarle el volúmen.

El verdadero desafío es saber qué deseamos ser o hacer. ¿Quién no ha estado paralizado alguna vez? Muchos hemos estado detenidos en la vida y si nos vemos ahora mismo,  posiblemente lo estemos en algún dominio de nuestra vida. Lo importante es identificar el estancamiento y ponernos en marcha de una buena vez.

Para eso a veces con nuestra propia visión del mundo no es suficiente y es bueno pedir ayuda. De cualquier tipo, desde un amigo hasta un profesional. Hacer las preguntas y escuchar respuestas distintas a las nuestras. Pedir opiniones y aceptarlas. En una palabra, animarse a conocerse e identificar lo deseado.

Y no importa cuánto tiempo hemos estado atrapados en esa falta de deseo. No hay lugar para la culpa o para desautorizarnos. No tiene sentido la frase “si me hubiera dado cuenta antes”. No. Desde el momento que nos pusimos en marcha,  ahí empieza el nuevo viaje hacia el deseo, y todo lo que vivimos antes es solo parte de un aprendizaje hermoso, del cual tenemos que estar agradecidos.

Por eso hay que pararse frente un espejo y decir sin temor “confío en lo que deseo, confío en mí para lograrlo, confío en el proceso que voy a iniciar para llegar a lo que quiero, y confío en pedir ayudar para seguir avanzando”. Porque con el deseo, todo; y sin el deseo, nada.

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