EN PRIMER APERSONA

Adolescencia tabicada

Carta Abierta de Diana Kurban, una de las querellantes del tercer juicio por delitos de Lesa Humanidad de San Juan.
lunes, 20 de marzo de 2017 · 09:01:00 a.m.
Desde pequeña, tengo total conciencia de ello, fui militante.

Mi ideología fue, es y será la misma: justicia social.

Por eso, el que con los años me acercara a un movimiento con el que compartía ese ideal, fue totalmente lógico.

Mi patria vendida, subastada a costa del dolor y la miseria de millones y el enriquecimiento de un puñado, se reñían (y riñen) con mi necesidad innata de respirar justicia social; soberanía económica; igualdad de oportunidades; correcta y equitativa distribución de la riqueza; bienestar de las clases históricamente marginadas.

No puedo concebir una existencia sin esos valores que me fueran inculcados desde la cuna.

Hablar del "Plan Cóndor" o de la represión previa al golpe, citar datos, fechas, modus operandi, quedaría en el papel.

La enumeración de hechos que respondían a un plan específico, quedaría en la letra muerta que solo alimenta el conocimiento de la historia de nuestros países.

Pero hablar de la esencia atroz del plan, del horror de considerar a las personas meros "blancos" a los cuales había que eliminar, ya es otra cosa.

Muchas veces yo me repetía "no podrán conmigo, con nosotros. Somos la esperanza de un futuro de gloria"; "somos la lucha que jamás bajará la cabeza aunque sea golpeada y encapuchada";

"soy, somos el amor por un pueblo, por un proyecto de país donde la justicia es el único horizonte”.

Y vinieron los golpes, los ojos vendados, las manos atadas, los cuerpos a merced de la crueldad del poder imperante... vinieron los asesinatos, las desapariciones, los simulacros de fusilamiento... vinieron tantas cosas.

Mi adolescencia fue vendada y se tiñó de moretones, de apremios y abusos ilegales, de manotazos al vacío para esquivar golpes que no sabía de dónde podían venir... de salir de "esa piecita" del primer piso de la Central de Policía de San Juan y escuchar a las policías de la Brigada Femenina decir "no mintás, nadie te ha hace nada; caminá derecha y dejá de actuar".

Mi adolescencia se tapó con manos como tenazas que la agarraban cobardemente para inmovilizarla. Manos cobardes porque no estaban vendadas, ni encapuchadas ni atadas ni, desnudas. Las manos de la aplanadora.

Pero aunque la rozaron e intentaron quebrar, no pudieron vendar ni inmovilizar ni aterrar mi alma.

A lo largo y ancho y alto y hondo de estas tierras ni una sola de esas manos de policías, hombres y mujeres, de militares, de civiles cómplices y funcionales a esa brutal, indefinible y atroz represión, pudo quebrar ni encapuchar ni violar esas almas.

Porque aún desaparecidas, aún mutiladas o aún heridas como el alma de quien escribe esto, el principio que las guió, las guía y las guiará, continúa de pie, siempre denunciante. Siempre soñando futuros de justicia.

Sobre todo antes. Sobre todo ahora.

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