En la recta final

Los acústicos: magos del Teatro del Bicentenario

Rafael Sánchez Quintana y Gustavo Basso son para muchos los mejores profesionales de la acústica en el país y son los encargados de hacer que el primer teatro lírico que tendrá San Juan suene perfecto. Por Viviana Pastor.
jueves, 07 de abril de 2016 · 10:33:00 a.m.
Por Viviana Pastor

Cuando la magnífica arquitectura del Teatro del Bicentenario esté terminada, cuando las butacas españolas estén colocadas y la alfombra cubra cada centímetro de suelo, cuando el telón se abra majestuoso y el revestimiento de platten alemán esté completo, será el momento de la magia, lo que se ve hará posible lo que no se ve: el sonido perfecto.

En eso trabajan dos expertos, los mejores del país, los ingenieros Rafael Sánchez Quintana y Gustavo Basso, quienes acompañaron el proceso de construcción, sugirieron cambios y hasta participaron en la elección de telas y materiales. 

La meta es que el teatro sanjuanino suene como si fuera un mini Colón, y no es poca cosa. El Teatro Colón está considerado la tercera sala para música sinfónica del mundo, según un estudio que tomó 58 salas alrededor del planeta. Este teatro estará listo en julio próximo y entonces también podrá aspirar a un lugar entre los mejores.

En el edificio los obreros siguen trabajando a toda máquina. Aún está vacía la sala principal y los acústicos hacen pruebas por separado, cada uno con su equipo de notebooks y sonómetros, pero coordinados entre sí. Revientan un globo, miden el sonido captado y se consultan los registros. Suena otro globo, unos metros más adelante. Después, Basso sube hasta el último palco y vuelven a reventar los globos desde el escenario. Por las caras parecen satisfechos.

"El micrófono recibe el sonido y el programa hace que esa señal impulsiva se transforme en señal con frecuencias, así se determina el tiempo de caída de esa frecuencia y se mide el nivel sonoro con un software especial”, explica Sánchez Quintana, que a sus 78 años se lo ve trabajar con energía.

Estas pruebas previas son necesarias para ver cómo avanza la obra en relación a la acústica. "Tenemos un modelo digital matemático donde predecimos lo que tiene que pasar en el teatro. Nos interesa el resultado final pero lo que estamos viendo ahora es cómo se comporta. Cada vez que coloquemos algo nuevo como cortinados, alfombras, butacas, vamos midiendo para ver si se va acercando al modelo”, señala Basso.

La explicación gráfica hace más entendible el proceso y es de la que siempre se sirven: Es como un  barco que hay que entrar al puerto, "vamos timoneándolo un poquito cada vez que medimos para ver si vamos en dirección correcta y no chocar”.

Sánchez Quintana asegura que aún faltan varias pruebas hasta llegar a la final. Estas evaluaciones están regladas por la norma ISO 3382 que determina cómo medir la acústica en el teatro, cuántas veces, en qué lugares, de acuerdo a la cantidad de público; y también el tiempo de reverberación.

"Medimos como cae el sonido y como responde la sala en frecuencia. También que no haya ruidos de fondo, eso lo mediremos más adelante”, señala el Ingeniero.

Basso agrega, "el barco va bien, más no puedo decir porque falta mucho todavía. En el siglo XX de 10 salas hechas sólo una o dos fueron buenas, el resto no. La acústica es una ciencia con muchos elementos no definidos con seguridad, lo cual la hace más interesante y es mucho más creativo que hacer un puente”.

En esta joya, que será el teatro sanjuanino, quedan pendientes unas 3 o 4 mediciones más y una final cuando la sala esté terminada y vestida.  "Esa es muy importante y la hacemos con más cuidado porque ya está todo listo, pero la última es la afinación de la sala con los músicos tocando, porque no es lo mismo un parlante que un violinista o un oboísta. La idea es que cuando se empiece a usar con música viene un periodo de afinación con músicos”, explica Basso que además es violinista de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata.
La tarea de ambos no es sencilla, pero no solamente porque quieran darle la acústica perfecta al nuevo Teatro del Bicentenario, sino porque los sanjuaninos tienen ya una de las mejores salas del interior del país, el Auditorio Juan Victoria. Basso terminó confesando: "Siempre voy al Auditorio es un lujo. Los sanjuaninos tiene la vara muy alta con esa sala, por eso ésta tiene que sonar igual o mejor”.

Sánchez Quintana: un nexo con San Juan 

Cuando en la década del ’60 el ingeniero Federico Malvares diseñaba la acústica del Auditorio Juan Victoria, Rafael Sánchez Quintana daba sus primeros pasos en la profesión. No llegó a trabajar en la sala sanjuanina pero aún conserva algunos planos de esa época. "Trabajé mucho con Malvares, no participé en el Juan Victoria porque no era mi época, pero juntos hicimos el Teatro Argentino de La Plata, el falleció y lo terminé yo”, contó.
"Tengo 78 años y toda mi vida estuve dedicado a esto, desde que me recibí de ingeniero y entré a la cátedra Acústica con Malvares, yo era su adjunto. Siempre me interesó la música y completar eso era hacer trabajos en acústica. Empecé haciendo pequeñas cosas y gané el concurso del Teatro Argentino de La Plata, después la Usina del Arte, y  con Basso trabajamos en la restauración del Colón y el Centro Cultural Kirchner”.

Wilhelm Furtwängler fue quien dijo que el silencio es parte de la música, comentó el Ingeniero para dar énfasis a la importancia del trabajo de los acústicos.  

"Herbert von Karajan ya dijo que esto no es gasto, es inversión, es dar trabajo y trae ventajas culturales para la Nación. Críticas de esas que dicen que no era necesario hay en todos lados, porque hay gente que sólo quiere hacer estadios de fútbol en vez de un teatro.  A mí me gusta el futbol, Messi, Maradona y otros grandes, me gusta verlos jugar, pero Argentina no es sólo fútbol, hay otras cosas interesantes, hay ciencia, arte y grandes músicos y buenas orquestas”, aseguró.

Con Basso trabajan juntos hace unos 10 años y se complementan muy bien, "no tengo ninguna queja de él, ni él de mi creo, hasta en lo económico acordamos”. 

En dos años cumplirá 80 y eso no parecer hacer mella en su agenda. "Todavía tengo energía. Mi mujer me dice ¿cuándo vas a terminar? Soy miembro de IRAM hace 50 años y sigo en la comisión de acústicos, fui director del Servicio Técnico, me fui hice otras cosas y volví, la mayor parte de las normas las hice con colaboración de los miembros de la comisión”, contó.
 
Basso: ingeniero y violinista

"Me parece que uno como músico fuera buen ingeniero y como ingeniero, un buen músico; me han hecho muchos chistes por eso, no hay problema, si supieras lo que dice mi suegra…”, bromea. 

Gustavo Basso dice que es ingeniero por mandato familiar, "me dijeron te recibís o te mato, y cuando me recibí me puse a tocar el violín. Estuve 10 años tocando en la orquesta, en cuartetos de cuerda, disfrutando como un chancho, muy feliz de hacer eso. Y después de 10 años me invitaron a un congreso a dar una charla y me gustó de nuevo. Es como que retomé siendo músico y empecé de apoco a entrar de nuevo en la acústica. Había hecho algo recién recibido y después colgué todo y en un momento me convoca Rafael, muy generosamente, para trabajar con él”, recordó.

La primera obra que hicieron juntos fue La Usina del Arte, en el 2002. "Me empezó a gustar de nuevo y en los últimos años hice más acústica que música porque es muy demandante. Hace tiempo que no toco en la orquesta, pero ya habiendo sido músico, no me carga eso, no me genera culpa”, confesó.

El violín no lo abandonó nunca. Sigue tocando en su casa y en grupos de cámara. No hay dudas que ser violinista de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata le da un plus en su trabajo como acústico.
"Tocar en una orquesta te da una visión desde adentro de lo que es una sala, no sólo desde el público. Hay muchas cosas que el músico entiende que puede llegar a detectar que un oyente común no, por la misma profesión”. 

¿La acústica o el violín? "Más satisfacción me da la música, pero esto es un complemento muy lindo, es muy gratificante cuando uno hace un sala y la música se escucha bien, es un momento muy lindo en la vida de uno. Por suerte nos pasó varias veces”.

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