Lunes 24 de Abril 2017 en San Juan, Argentina - Edición N° 2026

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La bebida nacional a través de los siglos

Sarmiento y las cepas francesas, bajo la lupa de Pigna

El mediático historiador navega por la historia del vino en su último libro y le asigna buena parte a la obra del sanjuanino. Un repaso por los párrafos dedicados a San Juan en “Al gran pueblo argentino, salud”. Por Miriam Walter.

Sarmiento y las cepas francesas, bajo la lupa de Pigna

Por Miriam Walter


“Sarmiento era un tipo al que le gustaba mucho el vino”, resumió Felipe Pigna en una entrevista con Tiempo Argentino sobre su último libro, “Al gran pueblo argentino, salud”, que repasa cinco siglos de historia del vino, con acento en Mendoza pero con muchos párrafos dedicados a San Juan, sobre todo al rol fundamental de Domingo Faustino Sarmiento creando un centro experimental y para importar variedades nobles desde Francia, como el Malbec. 
Sobre el prócer, Pigna sostuvo en su comentario a Tiempo Argentino que “Sarmiento nos puede caer antipático en muchísimas cosas, pero en este punto hizo una obra muy interesante. Vio en Chile una escuela agrotécnica, que funcionaba trayendo maestros de Francia, y apoyó fuertemente que se hiciera en Mendoza. Así se inaugura, en 1853, la Quinta Agronómica, que fue un lugar fantástico, creado por Michel Pouget, un francés exiliado que trae a nuestro país las cepas francesas: el Merlot, el Cabernet Sauvignon, y nada menos que el Malbec. Esa Quinta funciona bien pero, con las torpezas de la mira a corto plazo, gobernantes provinciales y nacionales dicen que es un gasto excesivo, que no vale la pena, y la cierran. Pero Pouget sigue trabajando por su cuenta, impulsando un cultivo que termina imponiéndose. Y después Sarmiento, cuando es presidente, hace una ley de fomento de las escuelas agrotécnicas y le da mucha importancia a volver a incentivar la producción de cepas francesas. Era un tipo al que le gustaba mucho el vino. Un hombre muy dado a los placeres”.

-Las primeras viñas

Pigna recorre los vaivenes del vino desde la introducción de las vides en suelo americano hasta el presente, que el vino es, por ley, bebida nacional. Y sumerge al lector en un viaje desde los orígenes de la vitivinicultura en América Latina, con varias paradas en San Juan.  Pero ¿dónde se plantó la primera cepa?, ¿aquí o en Mendoza? “Algunas fuentes atribuyen a Hernando de Montenegro el ingreso de la planta en el Perú, quien ya en 1151 tuvo un conflicto con el Cabildo limeño por el precio de la cosecha”, relata. “No se conoce con exactitud cuándo comenzó a cultivarse en Cuyo que, ya desde tiempos coloniales, se convertiría en la región vitivinicultora por excelencia de lo que hoy es Argentina (…) En marzo de 1561, Pedro del Castillo fundó la Ciudad de Mendoza y la distribución de tierras de labranza entre los vecinos, de octubre de ese año, una fracción fue concedida para chacra y viña, lo que para algunos autores clásicos indica que la vitivinicultura cuyana habría comenzado entonces”, asegura Pigna. Y afirma que un año después, cuando Juan Jufré funda San Juan de la Frontera, lo acompaña Juan Eugenio de Mallea a quien le atribuyen los inicios de la vitivinicultura sanjuanina. Ahora bien, el autor cita que “hay evidencias arqueológicas de pueblos que iniciaron la agricultura en tierras cuyanas desde tres milenios antes de la llegada de los españoles, y que en ese largo período desarrollaron técnicas de irrigación para convertir el desierto en vergeles. En el departamento Iglesia de San Juan, los arqueólogos hallaron instalaciones agrícolas fechadas desde comienzos de la era cristiana”. 

-De Europa a los Andes

Pigna da cuenta de una gran cantidad de viticultores europeos que migraron a San Juan y Mendoza, siendo un factor clave la aparición de un insecto en los viñedos llamado filoxera, entre 1860 y 1890. Y trae a colación la “propaganda” sobre el hecho que hacía Sarmiento, como en la letra de una carta a su amigo Segundino Navarro: “Hay millares de pequeños propietarios que venderían sus casas y enseres para venirse. No sabe uno calcular lo que sería la industria de la viña en San Juan con 100 ó 200 familias de fabricantes de vino”.

-El camino de hierro

“La inauguración oficial de los servicios del Ferrocarril Andino a Mendoza y San Juan concretó la tan esperada vinculación de ambas capitales provinciales a la red que venía tejiéndose lentamente desde fines de la década de 1850 y que luego se aceleraría hasta alcanzar la mayor parte del tendido en todo el país. De los 2.516 kilómetros construidos hasta 1880 se pasaría a casi 9.400 en 1890 y a más de 31.100 en 1914”, cuenta Pigna en el tercer capítulo. Para dimensionar el impacto del tren cita que el tiempo de un viaje Buenos Aires-Mendoza  bajó de los 2 meses en carreta y mula a 2 días en el Andino. Y menciona que con el ferrocarril llegó la inmigración masiva que hizo que la población de San Juan pasase de 84.251 personas en 1895 a 119.252 en 1912.

-Tiempo de bodegas

“En su rápido crecimiento, la vitivinicultura fue el motor impulsor de las demás actividades. La construcción de nuevas bodegas, capaces de albergar el equipamiento de prensas, motores, cubas y piletas de grandes dimensiones, fue, al decir de Liliana Girini, una ‘revolución arquitectónica’”, cita Pigna al hablar de la modernización desde 1885 en adelante. “Gran parte del nuevo equipamiento era importado, pero pronto se fue desarrollando un sector manufacturero y técnico local. En los inicios se trató de pequeños talleres, en muchos de los cuales sólo trabajaban sus dueños (…) Pérez Romagnoli ha registrado unos 45 talleres metalúrgicos fundados entre 1885 y 1910 en Mendoza y San Juan, en su mayoría por inmigrantes. Algunos prosperaron y llegaron a tener 20 o más operarios (…) como los de Juan Lauga y Luis Ugarte en San Juan. Pero también hubo quienes produjeron equipos como Pedro Arístides Richet, obrero fabricante de alambiques en San Juan”.

-La regulación del mercado

Pigna recuerda la inauguración de la Corporación Agroeconómica Vitícola Industrial y Comercial (CAVIC) durante el gobierno bloquista de  Leopoldo Bravo, en febrero de 1964, a tono con el fomento de cooperativas de productores en todo el país que se dio con los primeros gobiernos peronistas. “Su finalidad era elaborar y comercializar, en todas sus etapas, los productos y subproductos de la uva, y comenzó a funcionar en las antiguas instalaciones de la bodega estatal que, en su momento, había creado Federico Cantoni”. Con ello se buscaba la regulación del mercado pero en 1966 Juan Carlos Onganía decretó su intervención. Más adelante, el historiador cuenta sobre el destino de CAVIC que “las internas en sus directorios fueron minando la bodega desde adentro (…) En 1991 la cooperativa se declaró en quiebra, a partir de ese momento fue clausurada y ceso su actividad comercial”.

 

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