Opinión

El sube y baja con Chile se estrella contra la aduana

En Chile hay record de inversión y ventas, en Argentina hay lamentos. El punto de tensión es el cruce, donde hay algunos que vieron muchas películas de acción. Por Sebastián Saharrea
sábado, 06 de mayo de 2017 · 11:22:00 a.m.

Parece obvio, pero a medida que mayores resultan las ventajas de comprar el Chile y pasar para Argentina, mayores tensiones habrá en el punto de contacto: las aduanas limítrofes.

Y nadie pareció tomar suficiente nota hasta que un bofetazo obró de abrupto despertador. El transportista Reyes, su hijo de 18 años y el campeón de enduro Zapata Bacur –también de jóvenes 20- protagonizando un cinematográfico escape a milímetros del precipicio, esquivando vallados, rompiendo las luces para no ser detectados de noche y hasta cayendo presos del cansancio y la sed de un desierto. Como el de Nevada, pero acá nomás en Iglesia.

Para seguir la lógica de acción símil Hollywood pero en los decorados naturales sanjuaninos, ganaron los buenos. Con guion a medida, otro endurista caído un par de días antes pero tomando por otro atajo, y hasta un comerciante reconocido del mundillo económico local que fue sorprendido con un par de motos usadas donde había presuntamente muebles, calzado al paladar del espectador sediento de show y de una capacidad de asombro que suele ser superada por la realidad.

Probablemente la madre del borrego radique en dos factores explosivos: las diferencias de precios a uno y otro lado del límite que no hacen otra cosa que aumentar y dejan una estela de consecuencias, y por el otro la ligereza de los controles a ambos lados que encienden preguntas sin respuesta. Sería un ejemplo, los casos "exitosos” (entendiéndose por éxito haber consumado el delito) que se habrán escabullido entre esos matorrales. Sobre ambas cosas hay mucho por reflexionar.

La crudeza de la inequivalencia en la cadena de precios se hizo sentir como nunca la semana pasada, con la visita de altísimos funcionarios chilenos a San Juan a participar del comité de integración. Allí hablaron de los felices que están en Chile ante el alto costo argentino, y de cómo allá lo traducen en metálico.

Como se notará, se trata de un procedimiento de suma cero: lo que se gana del otro lado de la frontera se quita automáticamente de éste. Lo que agrega un comerciante chileno como venta a argentinos, lo pierde un comercio nacional. Es el señor que se tiene que comprar un celular o unas zapatillas, y en lugar de hacerlo en el comercio de Rawson espera a viajar a Chile. En la mayoría de los casos, es allá o acá; no allá y acá.

Lo declaran los números de manera terminante. En palabras del seremi (ministro) de la región chilena, el 30% de los argentinos que ha viajado a Chile esta temporada lo hizo por temas comerciales, lo que configuró en los vecinos "la mejor temporada desde que se tenga memoria”. Lo que dejaron los albicelestes en los comercios, hoteles u otros servicios trasandinos desde enero a ahora fueron 500 millones de dólares. Contundente.

Entre diciembre y febrero, la ocupación hotelera rondó el 90% en la Cuarta Región, con un flujo turístico que se incrementó un 23% entre una temporada y otra, atraído por la belleza de las playas y la calidad de sus mariscos, pero cada vez más por sus bajos precios de ropa, electrónica, etc.

Américo Giovine, el gobernador de Elqui que participó de la comitiva, comentó la cara de felicidad de los comerciantes trasandinos ante el tremendo beneficio que para ellos supone el masivo desembarco de argentinos desesperados por comprar. En Paren las Rotativas comentó que la aduana de Juntas del Toro recibió en estos meses el paso de 50.000 personas, todo un récord y un 30% más que el año anterior, que a su vez había sido récord. Y que posiblemente será desbordado por el record del año próximo, si la cosa sigue así.

Cómo bálsamo para sus vecinos, recuerdan los tiempos de la convertibilidad, los 90, en que los chilenos desembarcaban masivamente en los comercios nacionales –más mendocinos que sanjuaninos en ese entonces- a desvalijar a los negocios, especialmente del cuero. No parece aquel fenómeno haber sido tan extendido como ahora, aunque sí real.

Los números de bendición de Chile ante este inexplicable pozo en que una penda idéntica –mismo talle, misma marca- cueste en San Juan (Argentina) entre tres y cinco veces más, tiene su contracara en la provincia. La caída del consumo en el comercio local fue de 8 puntos en enero. En febrero y marzo el rojo bajó un par de puntos, siempre en negativo.

Entre un mundo y otro hay una barrera de por medio: la aduana. O las aduanas, chilena y argentina, ambas ubicadas a kilómetros de distancias entre ellas. Es la puerta que separa dos universos distintos, abismalmente diferentes. Más ventajoso, nítidamente, uno de otro. Sólo un par de barreras, y ahora encima aparecen quienes suponen que de tan delgadas pueden ser llevadas por delante con total impunidad.

Esa generalización del compre chileno y venda en Argentina hizo que ante el espectacular filme de persecución rodado entre Guardia Vieja y Bella Vista (impactante parajes iglesianos, no de Arizona, donde suele haber destinos rotulados en español por su origen mexicano), la primera reacción popular haya sido de comprensión. "Quién no ha traído ropa o alguna cosa de Chile para vender en San Juan”, fue lo que se leyó con insistencia en las redes. En una lectura claramente absolutoria hacia la conducta de los señores que ya no traen alguna prenda para la mercería familiar sino brutas motos, o televisores que no van destinados al living sino al mercado negro vernáculo.

Lo que desliza el razonamiento es cierta dificultad para distinguir según la envergadura. Entre un delito de contrabandear unidades de 25.000 dólares decorada con una fuga a lo Rápido y Furioso, con la urgencia del señor que prefiere hacer sus compras cuando viaje a Chile porque le rinde más el sueldo.

O hasta el dueño de un comercio informal que equipa mejor su negocio si aprovecha alguno de esos viajes en tours de compras que marchan sobre el borde de la ilegalidad, o para el lado de afuera. Y que, por otro lado, no necesita viajar al exterior para consumar el mismo flagelo: alcanza con hacer lo mismo con La Salada, en idénticos tours igualmente sin boleta.

Del lado del comercio bilateral, queda claro que hace daño puertas adentro del país. Por la destrucción de puestos de trabajo que implica, cierre de comercios denunciados por la CAME en las zonas limítrofes ocasionados por la gran diferencia de costos por la misma cosa. Hacen bien los chilenos por ponerse contentos, harían bien los argentinos en buscarle una solución de tipo macroeconómico. Operan razones impositivas, pero también de tipo de cambio, de estructura comercial, de legislación laboral, de posiciones dominantes, de abusos empresarios, largos etcéteras.

El asunto es el mientras tanto. Lo urgente parece ser tapar las filtraciones de la zona de contacto: las aduanas. Hasta los chilenos aparecen preocupados, cuando su país es el menos dañado en este asunto de mercancías caras que pasan desde allá para acá: podría haber a lo sumo compras no declaradas en Chile. Aun así reforzaron la custodia de la aduana de Juntas del Toro no sólo con mayor cantidad de personal sino con una actitud diferente: cuando les dicen que en la caja de la camioneta hay un mueble, al menos levantar la lona. Así es como se disparó esta saga de cine montada sobre la conveniencia de los precios chilenos por sobre los nacionales.

Pero luego, los aventureros se las tienen que ver para entrar, y allí está el daño más grande. Y el trabajo pendiente del lado argentino por ponerle las cosas complicadas tanto a los que se aprovechan de que la apariencia de la zona fronteriza es que está agujereada como un queso, como a algunos que llegan con camionetas cargadas como si tuvieran la vaca atada.

De consuelo, por lo menos esta vez ganaron los buenos.

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