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LA ESPOSA DEL REPRESOR

Lesa Humanidad: la mujer de Olivera, ¿era informante?

Dos testigos del mega juicio creen que dio información para los secuestros. Los maridos de sus tres compañeras en la UNSJ fueron detenidos y torturados. Vive en Buenos Aires. Quién es y cómo fueron sus días en San Juan cuando el golpe militar. Por Natalia Caballero.

“Es una injusticia para estos soldados de la patria, que son ahora acusados de delitos que no cometieron”. Con estas palabras decidió defender a su esposo y a otros tantos militares acusados de haber cometido delitos de lesa humanidad, Marta Ravasi de Olivera, la esposa de Jorge Olivera, enjuiciado en San Juan por múltiples causas. La mujer, que actualmente vive en Buenos Aires, acompañó a Olivera a la provincia allá por el año 1975. Pero su papel durante el Proceso de Reorganización Nacional no fue el de una simple acompañante. Varios testigos del del mega juicio la señalan como informante del régimen en el seno universitario y también en su rol como psicopedagoga en la Dirección de Protección al Menor.

Jorge Olivera llegó a San Juan en 1975, destinado al área de Inteligencia del RIM 22. Lo hizo junto a su esposa Marta Ravasi. Apenas la pareja desembarcó en la provincia, ella empezó a trabajar como psicóloga en el Gabinete de Psicología de la Universidad Nacional de San Juan. Ingresó nombrada por el Rectorado y no por concurso, como todas las personas que trabajaban en el lugar, lo que en un principio llamó la atención.

Marta Ravasi de Olivera era muy joven, estaba embarazada y su esposo, Jorge Olivera, la iba a buscar con frecuencia al Gabinete. Incluso la relación con sus compañeras había sido tan buena que las tres parejas mencionadas compartieron una cena en el Regimiento con Olivera y Ravasi. “Ella nos hacía muchas preguntas. Nosotros, como uno hace con cualquier compañero de trabajo, compartíamos nuestra ideología política sin problemas, ella sabía todo el movimiento”, contó Nelly Ruades, jefa del Gabinete hasta hace apenas unos meses.

En el Gabinete se desempeñaban 23 personas, dentro de las cuales se destacaban Myriam Dorgan, la esposa de César Gioja, Graciela González, esposa de Juan Carlos Salgado, y Nelly Ruades de Mendoza, esposa de Carlos Mendoza. Los maridos de las tres mujeres fueron detenidos durante la dictadura.  Cuando el Golpe de Estado irrumpió en la escena, la mayor parte de los miembros del Gabinete cayeron detenidos, sus captores tenían datos precisos de ellos. Fueron estas coincidencias las que llevaron a señalar a Ravisi como informante, tarea que se complementaba con la de su esposo, Jorge Olivera, que se infiltró como alumno de la Facultad de Ingeniería (hasta llegó a rendir una materia).

A Marta Ravasi de Olivera nunca se le asignó un caso individual en el gabinete, sino que era observadora. “Ella decía que quería formarse, que no tenía experiencia. No la notaba preparada para afrontar un caso, lo mismo tenía acceso a mucha información”, agregó Ruades.
Durante el mega-juicio, dos testigos señalaron a Ravasi como informante. Margarita Camus en su declaración vertida el 29 de noviembre del 2011 dijo que los rumores que corrían en la época indicaban a la mujer de Olivera como informante clave dentro del seno universitario.
El otro testigo es Juan Carlos Salgado, quien declaró el 5 de marzo último. El hombre, cuya esposa trabajaba en el gabinete, la señaló también como informante. Salgado estuvo detenido durante la Dictadura, sufrió torturas y tormentos.

Pero Juan Carlos Salgado, César Gioja y Carlos Mendoza no fueron los únicos. A los demás miembros del gabinete les caían usualmente requisas, hasta en la casa de las administrativas de esa dependencia universitaria. Ruades recuerda que cuando se produjo el golpe los militares requisaron hasta la casa de una psicóloga jovencita, Graciela Tejada, peronista confesa dentro del gabinete.

La labor de Ravasi dentro de la Universidad Nacional de San Juan terminó cuando los militares tomaron el poder. Poco después del golpe, Marta Ravasi de Olivera fue designada Interventora de la Dirección de Protección al Menor. Simultáneamente comenzaron las operaciones de Olivera, señalado como el jefe de los operativos en San Juan.

Dentro de Protección al Menor fue señalada también por un testigo como informante. Ravasi habría atendido en el gabinete psicológico del área de gobierno a la hermana de Miguel Ibarbe, desaparecido a la fecha. Aparentemente, Ravasi le preguntaba a la pequeña dónde estaba su hermano, qué datos tenía sobre él. Incluso, habría llegado a la casa de Miguel, en Villa Flora. Allí fue atendida por la madre de Ibarbe, quien se dio cuenta cuál era la misión de Ravasi.

Su marido, Jorge Olivera, siempre negó todo tipo de vinculación de su esposa con el régimen. Incluso, el 14 de noviembre del 2011, el militar y también abogado declaró: “Lo niego rotundamente, es una barbaridad, una mentira. Mi esposa trabajaban en el gabinete psicopedagógico de la universidad, pero ni ella ni yo realizamos nunca espionaje para aportar a la lucha antisubversiva”.

Marta Ravasi viene seguido a la provincia a visitar a su esposo. Fuentes de este semanario informaron que se queda en una casa ubicada sobre Avenida Rioja, de una familia amiga, que cosecharon durante sus escasos años en San Juan. En diciembre del año pasado, en el programa de televisión bonaerense Padres de Familia, Ravasi dijo que la someten a requisas, como a cualquier visita de un “preso común”. Consideró a su marido como un patriota y siempre defiende a ultranza la labor de su esposo, al que consideró un “preso político”.

Según informó el fiscal Mateo Bermejo no será llamada a declarar en este juicio, pero existe la posibilidad de que sí ocurra en las próximas causas, cuando finalice esta mega causa. Marta es muy católica, uno de sus cuatro hijos es cura y puso su firma en una campaña lanzada por la Conferencia Episcopal en contra del aborto, llamada “Sí a la vida”.

Textuales

Ravasi dio una extensa entrevista en el programa de televisión bonaerense Padres de Familia. Estas son algunas de sus definiciones.

“Mi marido está preso desde hace cinco años por supuestos delitos de lesa humanidad, pero mi marido no es el único, hay 1.200 presos políticos más”.

“La acusación es por delitos de lesa humanidad, le llaman lesa humanidad a una guerra”.
“Estos militares a lo sumo han cruzado un semáforo en rojo, sin embargo se los trata como presos comunes”.

“A estos marxistas que nos gobiernan, no le vamos a dar el gusto de vernos llorar”.


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